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Un emotivo reencuentro en Cuba

La anciana veía con recelo a través de su ventana mientras el poeta Richard Blanco y una amiga escritora saltaban de un maltratado sedán de la era soviética y caminaban al porche.Busco la casa de mis abuelos, explicó Blanco, y recitó los nombres de los parientes que vivieron en lo que solía ser un pueblo de auge azucarero antes de la revolución cubana.

"¡Ah, eres el hijo de Carlito!", exclamó Moraima González, de 83 años. Salió disparada de su casa para abrazar al visitante, con una sonrisa iluminando su rostro. "¡Esa gente para nosotros es familia! ¡Me da mucha alegría verte!".Blanco hizo su primer viaje a Cuba después que el presidente Bill Clinton suavizara las restricciones de viaje en la década de 1990. En 2012, se convirtió en símbolo del Estados Unidos moderno cuando fue seleccionado como poeta inaugural para la ceremonia de toma de juramento: el primer latino, la primera persona abiertamente gay y el primer inmigrante en tener el título.
Esta semana, Blanco, de 47 años, voló al país de origen de sus padres después de más de media década fuera, como parte de un esfuerzo para acompañar la reanudación de lazos diplomáticos y económicos con una reconciliación emotiva a través del arte y la literatura.Blanco y su vieja amiga, Ruth Behar, una reconocida cronista de la vida de los cubano-estadounidenses y de las comunidades judías en Cuba, se tomaron una semana para viajar por la isla, presentándose entre ellos a amigos y parientes, y reclutando a escritores y artistas cubanos para un nuevo sitio web que incluirá escritos sobre la vida en ambos lados del estrecho de la Florida.Después del anuncio de distensión del presidente Barack Obama el 17 de diciembre, "sentí que nunca había sido más estadounidense y cubano, nunca", dijo Blanco. "Como si realmente tuviera dos hogares y amor por dos países".Después de una serie de lecturas a lo largo y ancho del país, los escritores dijeron el jueves que estaban emocionados por la respuesta entusiasta de los artistas cubanos que quieren contribuir con su portal bridgestocuba.com. También decidieron enviar contenido mensual a cubanos directamente por correo electrónico para solucionar los problemas causados por la falta de acceso a internet en una de las sociedades menos conectadas del mundo.El par leyó parte de su obra en La Habana y la ciudad costera de Cienfuegos, y luego pasaron gran parte del miércoles en El Espartaco, el poblado natal de los padres de Blanco, antes de dirigirse al norte a la ciudad de Matanzas.Para Blanco, cuya última visita fue en 2009, el viaje sirvió como medición de los cambios en Cuba desde que el presidente Raúl Castro lanzó una serie de reformas económicas un año después.Dijo que estaba sorprendido por una serie de experiencias que nunca había tenido en Cuba: ir a un restaurante tan fino que se sintió mal vestido; ver a dos actores masculinos besarse en el escenario en una obra corta; y escuchar decir a un mesero que un platillo fue eliminado del menú porque un ingrediente no cumplía con las expectativas del chef."Por un momento olvidé que estaba en Cuba. Todo se volvió mucho más fácil de hacer", dijo.Algunos cambios son agridulces. Muchos de sus parientes más jóvenes dejaron la isla para buscar prosperidad en el sur de Florida, donde él creció después de nacer en España. Incluso parientes más grandes van y vienen entre Cuba y Estados Unidos gracias a las políticas liberalizadas de ambos gobiernos sobre viajes.Cambios importantes llegaron a El Espartaco y Cienfuegos, en donde el tiempo parece que se detuvo desde la década de 1960 a los ojos del observador extranjero casual. Algunos de los primos de Blanco mantenían escondido un cerdo en la azotea de su casa de dos pisos para tener una fuente de comida e ingreso. Ahora el cerdo no está y rentan el cuarto frontal de la casa a un propietario de un negocio privado que vende suvenires a turistas.El molino de azúcar de El Espartaco, construido por una empresa estadounidense, se cerró hace más de una década, fue desensamblado y vendido como chatarra a una empresa japonesa. Pero el pueblo crece y migrantes del campo llegan a trabajar en granjas privadas para cultivar arroz, frijol y tubérculos por unos dólares al día.Behar y Blanco confían en que más cambios vendrán y esperan que ayuden a Cuba en la transición a una economía más sana sin la desigualdad de muchos de sus vecinos de Latinoamérica y el Caribe."Deben ser propietarios de parte de esa prosperidad que creo está por llegar", dijo Blanco.Los cubano-estadounidenses, vinculados a la isla y con dinero y recursos en Estados Unidos, ya son fuente de mucho del dinero que mantiene a la isla, tanto por las remesas a parientes como por las inversiones con empresarios que son parientes o sólo socios.Pero aún hay mucho dolor sin resolver adentro de las familias divididas, dijeron ambos escritores, algo que esperan que la discusión motivada en su sitio web pueda resolver."¿Se quedará todo en palabras huecas o de alguna forma será significativo?", preguntó Behar.Blanco dice que espera que las familias y los gobiernos de los dos países puedan desarrollar nuevas relaciones que lleven a un sistema cubano mucho más sustentable."¿Cómo?", preguntó, "¿puedes tomar lo bueno de todo, ponerlo todo junto y hacerlo mejor?".Fuente: AP

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