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Desesperante

Sentía escalofríos en las piernas, se fue a dormir y despertó sin poder volver a caminar

Días antes del episodio, Erica Mays presentaba un cuadro febril agudo que derivó en un extraño ataque a su médula

Días antes de que el desastre ocurriera, Erica se sentía profundamente enferma. A pesar de sufrir fiebre alta y dolores musculares que casi le impedían desplazarse, intentó combatir el malestar con actividad física, obligándose a caminar cerca de tres kilómetros. Aunque sintió un alivio pasajero tras el esfuerzo, la realidad le daría un golpe definitivo al amanecer.

Erica Mays

“Me fui a dormir con escalofríos y cuando desperté, ya no podía sentir las piernas”, recordó con angustia. En un primer momento de negación, pensó que los miembros simplemente se le habían "adormecido" por la posición al dormir. Intentó desesperadamente recuperar la sensibilidad con baños de agua fría y caliente asistida por un amigo, pero el resultado fue nulo.

El diagnóstico médico

Al llegar de urgencia al hospital, los especialistas descubrieron que la fiebre era solo el síntoma superficial de una emergencia neurológica. Una bacteria (MRSA Estafilococo áureo resistente a la meticilina) y que llegó a su columna a través del torrente sanguíneo. se había extendido de manera agresiva hasta su columna vertebral, provocando un absceso que terminó en una lesión medular irreversible a nivel T6. De un momento a otro, la joven activa pasó a depender de una silla de ruedas para siempre.

Su nueva realidad: una joven en un geriátrico

Antes de la parálisis, Mays era una apasionada de los deportes extremos y el movimiento: practicaba surf, longboard, jugaba al fútbol y amaba bailar. Sin embargo, la enfermedad la encontró en una posición económica vulnerable, sin ahorros suficientes ni una vivienda adaptada a su nueva discapacidad.

Sin otra opción, terminó residiendo en un hogar para personas mayores, un entorno que choca brutalmente con su juventud. “A mis 36 años, estoy rodeada de gente mucho más grande que yo. Soy una de las más jóvenes aquí, y la gente no espera ver a alguien de mi edad en un lugar así”, explicó, señalando la soledad y el extrañamiento que siente en su actual refugio.

A pesar del entorno adverso, Erica no se ha rendido. Ha iniciado un proceso de rehabilitación intensivo con el que ha logrado hitos que los médicos veían difíciles: volvió a sentarse por sus propios medios, recuperó control biológico y empezó a sentir leves sensaciones en uno de sus pies.

Érica Mays

Erica Mays y su nueva realidad.

“Mi silla de ruedas son ahora mis piernas. Tengo que luchar contra mi cuerpo todos los días. Es un trabajo de 24 horas, los siete días de la semana”, sentenció, dejando en claro que, aunque su vida cambió de escenario, su espíritu deportivo ahora está volcado a la recuperación de su autonomía.

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