Los cadáveres de los autores de los atentados del 13 de noviembre plantean un delicado e incómodo problema a las autoridades francesas: ¿enterrarlos discretamente, entregarlos a sus familias, o repatriarlos a sus países de origen? La ley prevé varias situaciones, recuerda François Michaud- Nérard, director general de los servicios funerarios de la Ciudad de París: "Si las familias los reclaman, los difuntos tienen derecho a una sepultura en el lugar donde residían, o donde la familia tenga una tumba familiar".Si las familias no quieren organizar el funeral, le corresponde hacerlo a los municipios concernidos. "Aunque no haya obligación de inhumar en una tumba anónima, (hacerlo) puede servir el interés general", opina Michaud-Nérard, refiriéndose al temor de las autoridades de que las sepulturas de los terroristas se conviertan en objeto de culto o de peregrinación. Siete yihadistas murieron en los atentados del 13 de noviembre.
Si las familias no quieren organizar el funeral, le corresponde hacerlo a los municipios concernidos.
Qué hacer con los cuerpos de los yihadistas, un tema incómodo en Francia
