La ciudad de Santiago de Chile vivió bajo la primera situación de preemergencia ambiental decretada en 2017. Fue debido a la mala calidad del aire en la ciudad, según informaron las autoridades.
El año pasado hubo trece días bajo esta misma condición: uno con declaración de emergencia y más de una veintena de jornadas en situación de alerta ambiental por la misma causa en la capital chilena, de unos siete millones de habitantes.
La situación del lunes supuso, según informó la gobernación metropolitana, la restricción de circular para el 20% de los vehículos con convertidor catalítico (sello verde) cuyas placas finalicen en 1 o 2 y para el 60% de aquellos que carecen de ese dispositivo, cuyas patentes terminan en 3, 4, 5, 6, 7 u 8.
La medida supuso el retiro de cerca de 300.000 vehículos de las calles de la ciudad y los municipios aledaños de Puente Alto y San Bernardo. También la medida incluyó la paralización de un total de 1.215 fuentes fijas de contaminación, en su mayoría industrias, y quedó terminantemente prohibido el uso de leña para calefacción y las quemas agrícolas, además de la recomendación de no realizar actividades deportivas al aire libre. En esta oportunidad se pusieron en práctica además ocho ejes de tráfico reservados exclusivamente al transporte colectivo, correspondientes a tramos de otras tantas avenidas importantes que conducen al centro de la ciudad.
Los conductores que no respetaron la limitación fueron multados.
Santiago está situada en un valle rodeado de montañas y en otoño e invierno no hay brisas que dispersen las partículas contaminantes.