Para la Argentina es una buena noticia que esta pandemia nos haya tocado en un año en que no hay elecciones. Eso ayuda a tener otro temple político, un poder de decisión no tan ligado al corto plazo, y un poco más de decencia republicana.
Para el mundo siempre será mejor el manejo de una peste en un país democrático que en una dictadura. Los números que manejan una teocracia como Irán, una autocracia como la de Putin en Rusia, o una dictadura como la de Corea del Norte siempre estarán empañados de falsedades.
Los analistas coinciden en que el comunismo de China demoró casi un mes en sincerar la real dimensión de lo que se inició en la ciudad de Wuham. Los médicos que dieron la alarma antes las autoridades fueron sancionados por el régimen.
La estación de la que partió
El presidente Xi Jinping y los principales jerarcas del Partido Comunista quisieron esconder la existencia de un virus que comenzó a rodar a mediados de diciembre de 2019 desde un mercado de animales vivos que está ubicado al lado de la principal estación de trenes de Wuhan, en la provincia de Hubei.
Esa línea ferroviaria conecta con el principal aeropuerto de la zona. Mercado, virus, tren, avión y el mundo en crisis. Además coincidió con los festejos del Año Nuevo chino, época que millones de personas se desplazan a visitar familiares o de vacaciones en ese enorme país asiático
El virus salió despedido hacia el resto de China y de allí al mundo. Faltó contención sanitaria inicial debido exclusivamente a razones políticas del partido único.
Si China tuviera prensa independiente, los médicos que descubrieron la pandemia y no fueron escuchados por las autoridades, podrían haber hecho en los medios de difusión las cruciales advertencias.
Aquel SARS y este COVID
El virólogo norteamericano Michael Buchmeier declaró a La Nación algo muy interesante. Cuando en el 2002 apareció el virus del SARS, también en Asia, aún no había ni Twitter ni Facebook. Había periodistas, diarios, y estándares profesionales en la TV y la radio.
En su momento eso ayudó a informar mejor. Ahora, añadió este investigador de la Universidad de California, con las redes sociales está lleno de fuentes informativas que compiten por la audiencia con malas artes.
Y entre ellos hay falseadores de noticias, gente que lanzan visiones conspirativas (recordar el reciente caso de un programa de C5N que atribuyó a judíos millonarios la creación del Covid19), ausencia de chequeo de la información, o generación de terror social.
La cuestión china
Hay analistas que creen que China va a sufrir las consecuencias políticas de esta peste y que el poder concentrado del PC va a comenzar un lento pero inexorable desgrane.
Otros no lo ven aún factible. Sugieren que falta plafond social para que los habitantes de ese país exijan derechos civiles, como el de tener partidos políticos, votar, expresar libremente sus ideas, o eliminar la censura.
Y acotan: recién han pasado 30 años de la matanza de la plaza de Tiananmen, que puso punto final a “la primavera política” que propiciaban los intelectuales y estudiantes chinos para acompañar la apertura económica hacia el capitalismo (no a la democracia) luego de la caída de Mao.
Creer que ocurrirá mágicamente, cuando ese país está imbuido de culturas milenarias, muchas veces incomprensibles para los tiempos y modos occidentales, puede llevar a equivocaciones.
Pero admiten que en el mediano plazo la pandemia podría dejar sedimento y remover muchos recovecos de la política china al actuar como un revulsivo ralentizado.