Los jefes terroristas islámicos saben que cuentan con sangre joven para cometer sus ataques. Adolescentes que se unen a las milicias radicales con la promesa de que nada les faltará a sus familias. Son usados y descartados mortalmente.Eso es lo que le ocurrió a Jafar Al-Tayyar, de Uzbekistán, quien formó parte de la agrupación uzbeka aliada a Al Qaeda "Iman Bukhari Jamaat", que hoy lucha en Siria. A Al-Tayyar le encargaron una misión suicida en los poblados de Fua y Kafriyeh.
"Mártir" por obligación: rompió en lágrimas antes de inmolarse
