En los siete meses que transcurrieron desde que Cuba y Estados Unidos iniciaron un deshielo en sus relaciones, un puñado de políticos estadounidenses viajaron a la isla para sitios turísticos, hablar con una nueva clase de pequeños emprendedores y analizar con los líderes del gobierno un eventual levantamiento del embargo comercial que pesa sobre la nación caribeñaPero casi no hubo contactos con los disidentes que alguna vez fueron el centro de la política de Washington hacia La Habana.
Los disidentes, aún más marginados en Cuba
