Prestaciones en riesgo

Sin terapias, Alejo no sería el mismo: la crisis que amenaza al mundo de la discapacidad

Historias como la de Alejo exponen la crisis que afecta a miles de familias de personas con discapacidad. Pagos atrasados, aranceles bajos y terapias en riesgo

Sin las terapias de los últimos 10 años, Alejo sería la plantita que era a los 2. Con esa crudeza su mamá, Soledad, se imagina la vida de su hijo con autismo moderado si no hubiese podido acceder a la cantidad de profesionales que lo atendieron en distintos centros especializados para personas con discapacidad.

“Hoy lo asisten 6 especialistas, pero en algún momento llegaron a ser 10. Salía de la escuela e iba a terapias, todos los días”. Fonoaudióloga, neuróloga, psiquiatra, equipo de psicólogos, ayudante terapeútico, terapista ocupacional y la lista sigue.

El mundo de la discapacidad es mucho más grande de lo que pensamos y no está al límite… está desbordado.

Solo en Mendoza hay casi 90.000 personas con Certificado Único de Discapacidad y 108 institutos o centros terapéuticos privados, con profesionales de la salud y docentes.

Alejo aprendió a frenar la bici después de ir un año entero, todos los miércoles, al terapista”. Su historia muestra lo que está en juego: durante años, el acceso a múltiples terapias –garantizadas por ley con el 100% de cobertura, con o sin obra social- le permitió avanzar y ganar cierta autonomía.

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Alejo, de 12 años, con su mamá Soledad y su papá Aníbal. En La Plata diagnosticaron su autismo y el ingreso a un mundo que nadie elige: el de la discapacidad.

Alejo, de 12 años, con su mamá Soledad y su papá Aníbal. En La Plata diagnosticaron su autismo y el ingreso a un mundo que nadie elige: el de la discapacidad.

Hoy esa realidad se ve amenazada porque los aranceles de las prestaciones están 122% atrasados, los pagos se han espaciado hasta cuatro meses, la cadena de reintegros tambalea y la Ley de Emergencia nacional no llega a aplicarse plenamente, a pesar de la imposición de la Justicia.

Discapacidad, una crisis ensordecedora pero subestimada

La hora de un maestro de apoyo según la actualización de marzo está en poco más de $14.000. Y eso porque desde febrero hubo dos aumentos por inflación –más uno del 29% y el 35%, según prestación, que Nación resolvió en diciembre de 2025, tras dos años de congelamiento-.

“Jamás vivimos en un ideal, pero tampoco el destrato lo de los últimos dos años”, cuentan desde la Cámara de Discapacidad Mendoza Asociados.

El resultado ya se siente: hay profesionales que están bajando los brazos y dedicándose a otra cosa. Hay institutos con deudas de hasta $600 millones y hay transportistas que dejaron la actividad.

En Mendoza, esta semana ingresó un proyecto de ley para que se declare la emergencia a nivel provincial y se asista financieramente a los centros terapéuticos. Pero eso no va a pasar.

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Un centro de discapacidad promedio en Mendoza puede contar con 120 docentes y 35 profesionales de la salud.

Un centro de discapacidad promedio en Mendoza puede contar con 120 docentes y 35 profesionales de la salud.

Desde Gobierno la respuesta es mantener abiertas las puertas del sector público de salud para atender a todo aquel que se quede sin atención de especialistas en el sector privado – como ya está pasando-.

Además, como hasta ahora, sigue vigente el sistema de apoyo económico y de contención que dirige la Dirección de Discapacidad con subsidios para el alquiler de vivienda, con la búsqueda de cuidadores domiciliarios y la internación en hogares.

“Pero es imposible que el Estado provincial absorba toda la demanda”, reconocen desde las cámaras de discapacidad.

Y de ahí la preocupación.

“En cada paso necesitás la ayuda del sistema para que la persona con discapacidad pueda ser parte. Sin sus terapias y el transporte que la saque de su casa, el resultado es directamente la exclusión de la sociedad”, lamenta la mamá de Alejo.

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Familias y profesionales siguen reclamando a Nación el cumplimiento de la Ley de Emergencia en Discapacidad.

Familias y profesionales siguen reclamando a Nación el cumplimiento de la Ley de Emergencia en Discapacidad.

Las familias están muy solas y por eso, dice Soledad, “es importante una red que te saque del lado oscuro de la discapacidad y un Estado que no te suelte la mano… La discapacidad le llega a cualquiera y no se elige. Si no hay apoyo y un Estado presente para poder a aprender a verla de otra manera, no hay salida”.

Alejo y el desafiante mundo de la discapacidad

Sole fue mamá en 2013. Era muy jovencita y nunca imaginó que la vida le tuviese preparado semejante desafío: Alejo, su único hijo. “Darme cuenta fue importante”, recuerda.

Hace 10 años, cuando Alejo tenía 2, fue diagnosticado con autismo. “En el maternal, la comparación fue inevitable. Todos jugaban y corrían y él solo saltaba y aleteaba al lado mío”.

La entrada al mundo de la discapacidad fue un topetazo, pero allí encontró no solo empatía y una red de contención, sino profesionales que le hicieron la vida –a ella, a su marido y a su hijo- un poco más fácil.

“El autismo es una condición desafiante. Alejo tiene un trastorno del lenguaje y siempre habla en tercera persona”. Pero lo hace. Y avanza. Y hoy tiene 12 y no se puede atar los cordones; pero aprendió a frenar la bicicleta, a decir “hola” y a mirar a los ojos. “Pide cosas o te dice que no quiere tal otra”.

¿Qué hubiese sido de él sin todas las terapias que recibió desde los 2 años? “Si no existiera la posibilidad, gracias al CUD, a acceder a profesionales que lo apuntalen, hoy Alejo sería aquella plantita”.

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Equinoterapia, una de las actividades que mejoraron la calidad de vida de Alejo.

Equinoterapia, una de las actividades que mejoraron la calidad de vida de Alejo.

Contar con un acompañante terapéutico para que una persona con discapacidad pueda asistir a un lugar sin su mamá aún es un desafío para muchas familias y la situación se agrava día a día, ya no solo por las negativas de obras sociales sino porque cada vez más especialistas dejan el sector, empujados por la crisis.

"Lo que se le paga por una hora de terapia a un profesional que tiene un lugar habilitado y que tiene que abonar monotributo, ya no le sirve. Lo siguen haciendo solo porque la crisis es gigante y no quieren dejar a sus pacientes sin contención", analiza Soledad, desde San Rafael, con conocimiento de causa.

¿La estrategia de algunos? Hacer talleres de sociabilización grupales. De esa manera una hora de trabajo rinde más; pero no es solución para todos los pacientes. De hecho, en la mayoría de los casos, en el mundo de la discapacidad es necesaria la atención uno a uno.

Lorenzo, el nene de 2 años que no puede faltar ni un día a terapia

Lorenzo cumple 3 el mes que viene. Cuando todavía no tenía un año fue diagnosticado con parálisis cerebral. “Era un bebé que se escurría entre los brazos”, recuerda su mamá Carla.

Las dificultades se empezaron a notar a los 6 meses, cuando tenía que sentarse para comer. Al tiempo, la familia se dio cuenta que no movía la manito izquierda al mismo ritmo y coordinación que la derecha.

El traumatólogo los derivó a un neurólogo y fue entonces cuando dieron en la tecla: Lorenzo tenía una semi parálisis del lado izquierdo, a raíz de una lesión en el área del habla –sector derecho del cerebro- producto de una hipoxia que posiblemente sufrió aun estando en la panza.

No puede agarrar con las dos manos, tiene dificultades para dibujar, para bajar o subir escalones, para saltar… Logró sentarse sin asistencia casi a los 2 años y caminar fue todo un reto.

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Nada hubiese sido posible sin las terapias a las que acudió ininterrumpidamente desde el año de vida.

“El año que viene empieza el jardín y ya nos estamos preparando para nuevos desafíos porque por su lesión, Lorenzo no modula bien”, se anticipa Carla.

Lorenzo tiene dos hermanos. La vida familiar cambió con su llegada. “Recibir el diagnóstico fue shockeante –recuerda su mamá-. La discapacidad no es un mundo al que uno ingresa voluntariamente; y recién cuando entrás, podés entender a los que están adentro”.

La discapacidad es frustrante y no hay que tener temor al decirlo. Es complicado para el que la tiene y para su familia. “Pero cuando estás acompañado, la ves de manera distinta”, dice Carla, coincidiendo con Soledad, la mamá de Alejo.

Lorenzo acude diariamente a la kinesióloga, el terapista ocupacional y la fonoaudióloga. Y por nada del mundo puede interrumpir sus terapias. Ni siquiera en vacaciones. Ni siquiera en crisis…

“Son indispensables durante toda su infancia” porque cambian la vida.

Por eso, dice Carla, “como familia estamos presente en cada marcha: es importante que todos conozcan el mundo de la discapacidad para que puedan apoyar a gente que está sola y que puede perder mucho”. Esa, cierra, es su meta.

El Jenga de la discapacidad

Para Soledad, la mamá de Alejo, el sistema de discapacidad es como un Jenga: todavía se mantiene en pie, pero cada vez más inestable.

Desde adentro, ve cómo los pagos atrasados, los aranceles desactualizados y la falta de financiamiento van sacando piezas clave -profesionales, centros, transporte- y dejan todo al borde del derrumbe. Sabe que aún no se cayó, pero también que falta muy poco: si se mueve una pieza más, el impacto será directo sobre miles de familias como la suya.

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El sistema a punto del colapso. Discapacidad en crisis.

El sistema a punto del colapso. Discapacidad en crisis.

Yanina García, de Cadima, suscribe y explica con peras y manzanas cómo fue que se llegó hasta este punto.

La salud y la educación de las personas con discapacidad son mayormente privadas. Los directores de los centros terapéuticos se reúnen periódicamente en una mesa, de la cual es parte el Estado nacional, que por la Ley de Discapacidad de 1997 tiene la obligación de garantizar el 100% de la cobertura de las prestaciones básicas. En esas reuniones se fijan y actualizan los valores del nomenclador, que es el precio por prestación.

Con la llegada de Javier Milei, desde diciembre de 2023 esas reuniones se discontinuaron y hasta diciembre de 2025 el nomenclador no tuvo actualizaciones. Y así, el valor de cada servicio quedó devaluado frente a la inflación. Ese es el principal problema que enfrentan los profesionales y, por ende, las familias de personas con discapacidad.

El aumento de las prestaciones – centros de día, hogares, escolaridad, estimulación temprana, rehabilitación, maestro de apoyo, transporte, alimentación, etc- en diciembre fue del 29% y el 35% en diciembre. Y tras la reglamentación de la Ley de Emergencia –que no se cumple del todo-, del 5,78% en febrero y del 2,9% en marzo; pero así y todo, los valores siguen 122% atrasados. Además, los pagos se han extendido a 120 días.

“El sector de discapacidad no está al límite, está desbordado. Y los institutos están endeudados para poder seguir funcionando y pagando sueldos”, explica García.

Y en ese desborde, profesionales que resisten y familias que no tienen alternativa… Porque detrás de cada número hay miles de historias como la de Alejo y la de Lorenzo.

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