Los cadáveres de varios migrantes flotaban boca arriba, despojados de sus ropas por el mar agitado. En la costa, mujeres llorosas buscaban frenéticamente a sus seres queridos entre los sobrevivientes que tiritaban confundidos. Una rescatista trataba de revivir a un infante que yacía inconsciente.La escena puso de manifiesto una realidad: mientras el flujo de migrantes a Europa tiende a amainar a medida que se acerca el invierno y que se dificulta más el trayecto, este año ha aumentado con miles de personas que desafían la muerte cruzando el mar embravecido en temperaturas cada vez más frías.
La crisis de inmigrantes en Grecia se agrava por las frías temperaturas
