La próxima beatificación del arzobispo salvadoreño monseñor Óscar Arnulfo Romero no sólo le da a América Latina el honor de tener un mártir y un santo largamente esperado. También está redefiniendo el significado de esa figura para la Iglesia católica, al tiempo que abre la puerta para que otros sacerdotes, que murieron en su ministerio cristiano, sean considerados mártires.Tradicionalmente, la Iglesia católica había designado como mártires a quienes morían asesinados por negarse a renunciar a su fe, lo que sucedió en determinadas épocas de la historia cuando se desataron persecuciones cristianas. Se suponía que el asesino hubiese tenido la intención de matar a alguien por su odio a la creencia de la persona en Jesucristo, como sucedió hace poco con muchos cristianos que murieron a manos de extremistas islámicos en el Oriente Medio.
La beatificación del arzobispo salvadoreño marcó un nuevo sentido de ser mártir
