El destino de una niña de 10 años embarazada no sólo se ha convertido en un debate nacional en Paraguay, sino que acentuó lo que según los activistas es un problema de violaciones a menores en esta empobrecida nación suramericana, y ha instado a otras víctimas a hablar de sus casos.Cristina Brítez de Mendoza dirige un albergue para jóvenes con problemas en Ciudad del Este, una dura y abarrotada ciudad de 350.000 personas junto a la frontera con Brasil y Argentina. Muchos de los menores con los que trabaja han sufrido abusos sexuales, señaló, como una niña de 12 años que dio a luz el mes pasado. La niña vive en el albergue con el bebé.
En Paraguay las víctimas de abuso salieron con los tapones de punta ante el caso de la niña embarazada
