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Los turistas y sobre todo los mendocinos acuden a diario a buscar las ofertas que llegan frescas en las barcazas de caleta Portales. Fotogalería.


El lugar del pescado y los mariscos en Chile

VALPARAÍSO– La faena comienza a las 3 de la madrugada, cuando los pescadores mudan su ropa de civilpor gruesos mamelucos y botas de goma. Para las 11 su tarea habrá terminado, cuando todo el

pescado, recién arrancado de las entrañas del mar, esté disponible al público.
Ubicada entre Viña del Mar y Valparaíso, a sólo 10 minutos del casco céntrico de la ciudadjardín, se encuentra la caleta Portales, un centro de comercio regido casi estrictamente por la leyde la oferta y la demanda. Por eso, cuando en la mañana de ayer el Pacífico generoso trajo jureles,merluzas y jaivas, el salmón, la corvina y el lenguado casi cotizaban en bolsa. El paseo se ha convertido en un clásico para los mendocinos de buen comer, que decideninvertir la mañana del sábado en conseguir machas, camarones, cholgas y otros frutos de mar. Las barcazas hacen fila para atracar. Una grúa las subirá al muelle y de allí a un carro paraemprender el viaje a la zona de venta. Ya en tierra firme, la gente se agolpa a su alrededor paraver qué trae la embarcación y empieza la puja. "¡Jureles! ¡Son jureles! ¡Fresquitos los jureles –vocifera Pedro–. ¡Caserita! ¡Lleve tres merluzas por una luca!", le grita a un ama de casa que va enbusca del almuerzo familiar. Como un enjambre, el público se mueve de barcaza en barcaza con sus bolsas en la mano (paralos primerizos, hay puestos alrededor que las ofrecen por una moneda). Luego llegará el turno delos limpiadores, que con una destreza y una rapidez envidiables sacarán espinazos, aletas, cabezasy colas, y filetearán o dispondrán la carne en rodajas, a gusto del consumidor. La paga es avoluntad del cliente, pero se acostumbra dejar $500 chilenos ($4,50 de los nuestros) si el trabajofue sencillo o $1.000 ($9) si llevó más tiempo. Frutos de mar A unos metros de allí está el mercado de mariscos. Vienen en camiones refrigerados de otrascaletas. Con carteles que dicen "Cholgas vivitas" o "Piure sin agua" se argumenta la frescura delos frutos y la honestidad de los vendedores. "¡Canta, chiquilla, canta!", le dice un puestero a su hija y la chica, de no más de 15 años, comienza a vocear: "¡Machas! ¡Hágalas a la parmesana, al limón! ¡Machas fresquitas! ¡Combínelas concholgas, choritos y almejas y hágase una paila!". Ya son pasadas las 11. Las barcazas han dejado de llegar. La tarea está cumplida. Ahora es elturno de la oferta y la demanda.

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Desde bien entrada la noche, los pescadores desafían al traicionero océano Pacífico para conseguir la pesca del día. Ellos practican el sistema tradicional con redes que les exige un arduo sacrificio.
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La llegada a las inmediaciones del muelle trae nuevas sonrisas en los pescadores. Lentamente se van agrupando mientras esperan su turno para subir a tierra.
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Una vez en el muelle, las barcazas son subidas a través de un sistema de grúas que las depositan sobre carros para ser llevadas al punto de venta. Detrás se observa un barco pesquero comercial, la “competencia” de estos artesanos del mar.
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Las barcazas son llevadas al malecón tiradas en carros. Es un oficio que se transmite de padres a hijos, como aquí hace Pedro con el suyo.
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Toda la familia participa del trabajo. Recién llegados al muelle, las mujeres ayudan a sus esposos en la recolección del pescado de las redes y en el mantenimiento de los aparejos. Regina no se amilana y disfruta trabajar con Carlos.
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¡¡¡A vender!!! Enrique exhibe la pesca del día. Muchos de los pescados aún están vivos mientras los descargan sobre los mesones.
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Como en un remate, los compradores se disputan las mejores piezas del día. Desde el fondo, San Pedro, el santo de los pescadores les da una protección sobrenatural.
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Omnipresente y sin hacer caso a las gaviotas este San Pedro protege a los hombres de mar.
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Raúl y Pedro son impresionantes. Trabajan “a voluntad” limpiando los pescados, dejándolos perfectos y listos para cocinar. Sus cuchillos son casi tan afilados como sus lenguas. Riquísimos personajes de la caleta. Eso sí… son los mejores dando recetas.
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Más de un centenar de compradores se pueden ver en un fin de semana. Entre semana, la afluencia de público es mucho menor.
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No solo reinetas se consiguen en el puerto. Jureles, merluzas, congrios y calamares gigantes son parte de la pesca del día.
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“El Chino” nos muestra orgulloso su mejor presa del día. Un calamar gigante de más del 10 kilos. Don Lucas, curtido, ya no se asombra… “Hay más grandes”, dice.
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Muchas amas de casa, llamadas aquí “caseritas”, van al mercado de la caleta casi todos los días. La diferencia de precios lo justifica.
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Caleta Portales, en Valparaíso, es un estímulo para los sentidos. A los colores, texturas y formas, se le suman los olores, los ruidos, las voces… Imperdible.

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