Sentado entre dos de los vagones del tren de carga mexicano conocido en América Latina como "La Bestia", José Luis Hernández se quitó los zapatos buscando alivio a la hinchazón en sus pies tras una travesía de 20 días a la intemperie como polizón.Exhausto, se desmayó y cayó debajo del tren en marcha. Una a una, el metal implacable del tren le cercenó en segundos no solo tres extremidades, sino también su meta de emigrar a Estados Unidos para conseguir un trabajo que sacara de la pobreza a él y a su familia en Honduras.
El dolor de un inmigrante mutilado por un tren durante la visita del Papa a Estados Unidos
