Como una tromba, Isabel Carmona recorre los pasillos de un sofocante edificio prefabricado, que por falta de presupuesto por casi cuatro décadas ha sido la “sede provisional” de la Escuela de Administración y Contaduría de la Universidad Central de Venezuela, la mayor y más antigua del país.Carmona se dedica incansablemente a asesorar a profesores y estudiantes, dirigir estudios de posgrado y hasta a resolver problemas administrativos como la falta de insumos, entre ellos los que obligan a los estudiantes a tolerar la molestia de recibir clases en aulas que tienen años con el aire acondicionado dañado.
Unos 1.600 profesores universitarios han renunciado a sus cátedras en los últimos cuatro años. Afirman que con los sueldos que cobran, comprarse un libro es un auténtico lujo.
Docentes huyen de Venezuela por bajos salarios
