Rodilleras, casco, coderas y, sí, también velo islámico. Adiós a las playas californianas y a los rubios descamisados. El último giro de guión lleva las tablas hasta Kabul (Afganistán). Allí, el skate es el deporte femenino más popular de la capital y, ahí es nada, también del país (explosión de cabeza aquí).En una nación en la que las mujeres no pueden conducir, ni montar en bici, ni jugar al fútbol, ni siquiera volar una cometa (true story), el patín brilla como estandarte de ése al que llaman sexo débil. ¿La razón? Que en el Estado a nadie se le ocurrió crear leyes islámicas en contra de los patines y, hasta la fecha, el deporte puede ser practicado tanto por hombres como por mujeres.
Del burka al casco: esquivando talibanes en Afganistán
