Comer carne de perro es habitual en Corea del Sur, pero algo está cambiando. Algunos productores arrepentidos han cerrado sus explotaciones caninas y han decidido entregar en adopción a familias en Estados Unidos."Cuando vendía un perro a un distribuidor o a un restaurante, a veces se me saltaban las lágrimas", confiesa a Efe Kim Jin-young, de 53 años, que hasta el mes pasado regentaba junto a su marido una granja con más de un centenar de canes para consumo humano.
Corea del Sur pone perros en adopción para no comerlos
