Hace algunos días, el presidente Gustavo Petro, llegó hasta La Guajira, al extremo norte de Colombia, con un objetivo en mente: dedicar una semana a gobernar desde allá y atender las principales solicitudes y necesidades de la zona. Su paso por el territorio, habitado mayoritariamente por indígenas wayuu, terminó con la declaración de la emergencia económica, social y ecológica en el departamento, con el fin de contrarrestar un histórico abandono por parte del Estado.
Colombia apuesta a los minerales para la transición energética

En busca de una transición energética, Colombia apuesta a los minerales. (Fuente: iStock).
La Guajira se ha presentado como una zona clave para la transición energética en Colombia. Con la capacidad de generación que tiene este departamento, aseguró el mandatario durante su visita, podríamos "reemplazar la demanda de consumo en el país y nos sobra energía". Su enorme potencial eólico ha permitido proyectar allí, hasta ahora, 16 parques eólicos, fundamentales para cambiar el rumbo de la energía hacia una con cero emisiones.
Actualmente, de la matriz energética de Colombia, solo el 0,6 % proviene de la energía eólica y solar. Por eso, el paso del presidente por la Guajira no podía dejar fuera de la agenda una de sus principales banderas. Desde Riohacha, la capital, el gobierno presentó el pasado 1 de julio la "materialización" -en palabras de la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez- de lo que ha sido su propuesta de transición energética justa.
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Termoguajira, una termoeléctrica ubicada en el municipio de Dibulla, que utiliza carbón como combustible principal y gas natural como combustible secundario de soporte, sería la primera en transitar hacia una generación eléctrica 100% descarbonizada. Pasaría a un esquema que incluiría paneles solares y almacenamiento de energía a través de baterías. "Termoguajira es el proyecto de referencia para la consolidación del plan 'Del Carbón al Futuro' (...), permitiendo avanzar en la descarbonización de la matriz eléctrica del país", aseguraron desde el Ministerio de Minas y Energía.
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En Colombia, el 30 % de la energía que se consume nacionalmente proviene de plantas térmicas que operan con gas y carbón, que se han extraído, por toneladas, desde hace décadas. Aprovechar el potencial eólico y solar de La Guajira y transitar hacia la descarbonización implica también hacer frente a otro reto: un futuro bajo en carbono requiere de muchos minerales, y minería, para la producción, almacenamiento y transmisión a la Red Eléctrica Nacional de la energía producida de fuentes renovables.
Para el caso de Termoguajira, por ejemplo, cada megavatio (MW) de capacidad solar instalada requiere de 45 toneladas de cobre. Producir una batería necesita litio, níquel y cobalto. Esto, sin contar las extensas conexiones que llevarían esa energía al resto del país, para las que se requiere aluminio y cobre.
Colombia todavía no define cuáles serían los minerales estratégicos
Por eso, en septiembre pasado, durante el Congreso Nacional de Minería, el presidente Petro sugirió una "reorientación de la operación minera". En otras palabras, pidió dejar de buscar metales preciosos y carbón, para concentrarse en la producción de "minerales estratégicos" para la transición energética.
Sin embargo, Colombia aún no tiene definidos cuáles serían esos minerales estratégicos, es decir, aquellos que el Estado considera esenciales para su política económica, actividad o soberanía. La referencia más reciente a estos recursos está en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) entregado por el Gobierno, donde se asegura que la política minera priorizará la explotación, extracción y comercialización formal de minerales estratégicos como el oro, materiales de construcción, cobre, níquel, cobalto, litio, tierras raras, entre otros.
De hecho, la Asociación Colombiana de Minería, que agrupa al gremio minero en el país, hizo un análisis sobre los minerales que se necesitarían para cumplir las metas sociales y ambientales planteadas en el PND. Alcanzar la generación de más de 2.000 MW a partir de energías renovables, por ejemplo, requeriría la construcción de, por lo menos, 600 molinos de viento o más de 6 mil paneles solares. Un molino que genere 3 MW necesita en su construcción 1.200 toneladas de concreto, 47 toneladas de cobre, 335 toneladas de acero y 3 toneladas de aluminio.
El "boom" de minerales para la transición, ¿cómo está Colombia?
Colombia es catalogado como un país minero. La minería deja cerca del 9 % del Producto Interno Bruto Nacional y el 12 % de los ingresos de la nación. Actualmente, la matriz minera del país se compone, principalmente, de carbón, oro, níquel y, en menor medida, esmeraldas. Pero los objetivos de descarbonizar la energía requerirían que la balanza cambie un poco. Que la canasta se diversifique.
La demanda de algunos minerales fundamentales para reducir las emisiones provenientes del sector energético aumenta drásticamente en el mundo. Un informe del Banco Mundial, realizado en 2020, revela que para minerales la demanda de litio y grafito es tan alta que la producción actual debería aumentar 500% para 2050 si queremos mantenernos en un escenario de menos de 2° C. Otro estudio de la Agencia Internacional de Energía (IEA) plantea que, en las próximas dos décadas la demanda de cobre y tierras raras aumentará hasta un 40 %, la de níquel y cobalto entre un 60 y 70 %, y la de litio casi el 90 %.
Solo los automóviles eléctricos requieren en general seis veces más minerales que un carro convencional, según estimaciones de la IEA. Para cada carro eléctrico se necesitan 83 kilogramos de cobre, al igual que aluminio para la carrocería; y litio, níquel y cobalto para las baterías. Descarbonizar ese sector, resume la agencia, implica que los automóviles eléctricos, que representaron el 14 % de las ventas en el mundo el año pasado, ganen un 60 % de participación en el mercado para finales de la década.
Y es que sin la masificación de las energías renovables, el país no podría cumplir con sus objetivos de reducir las emisiones de CO2 en un 51% para 2030 y llegar a la carbono neutralidad a 2050. Y el mundo tampoco. Otro informe reciente de la IEA asegura que las instalaciones de energía renovable deben triplicarse para 2030 si se quieren cumplir los objetivos climáticos.
"El aumento de actividades extractivas puede tener serias implicaciones ambientales y sociales si estas actividades no se realizan de manera responsable para cumplir con la demanda de energías renovables", asegura un informe del Banco Mundial. Sin embargo, señala que se trata de un paso necesario. Al analizar, por primera vez, el potencial de calentamiento con tecnologías bajas en carbono, en comparación con las basadas en combustibles fósiles, se encontró que, si bien la energía renovable emplea de forma intensa minerales, sus emisiones solo equivalen a una fracción (6 %) de las emisiones generadas por las fósiles.
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Hay otros desafíos. En palabras de la investigadora PhD Andrea Cardoso, experta en transición minero-energética de la U. de Magdalena, quien trabajó en su investigación doctoral alrededor de la cadena de suministro del carbón, "otro de los grandes retos de la transición energética en Colombia es que nos hemos enfocado, principalmente, en la producción de energía".
"Desconocemos la cadena de suministro detrás de esa producción... ¿De dónde vienen los minerales necesarios para esa industria?, ¿cuáles son sus etapas de producción?, ¿cómo se transportan?, ¿cómo se transforman?, ¿qué insumos requieren?, ¿qué conflictos pueden generar en cada una de esas etapas?", se pregunta. "Como hemos estudiado en el carbón, cada etapa puede tener sus propios impactos ambientales y sociales. Hay que conocerlos para poder ver cómo se pueden resolver, si generan injusticias, y cómo se abordan de manera integral con un enfoque de justicia ambiental", agrega Cardoso.