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Barrios emblemáticos como La Barceloneta y Pueblo Seco cuentan con bares tradicionales que recuperaron la costumbre de beber un aperitivo antes de comer.

Barcelona y la resurrección de la cultura vermut

En Barcelona, una vez finalizada la recorrida obligada por Paseo de Gracia, Plaza Catalunya, las Ramblas y la visita a las obras de Gaudí, se expande un recorrido trazado por las bodegas y bares que no se debe dejar pasar.

La resurrección de las antiguas y originales bodegas, bares y vermuterías se dio hace cerca de 5 años, gracias a la curiosidad melancólica de los consumidores de entre 30 y 40 años, que buscaban inaugurar para ellos y reinaugurar para los establecimientos en cuestión, un lugar propio para salir “de tapas”.

Barrios como Gracia, Pueblo Seco, la Barceloneta y Pueblo Nuevo son algunos de los receptores de las mejores bodegas para salir de tapas, banderines y pinchos, y beber los mejores vermouths caseros y vinos catalanes.

Estos establecimientos, si bien hasta no hace mucho estuvieron a la sombra, nunca cerraron y se mantuvieron, en general, en manos de los mismos dueños desde su origen,  mientras perfeccionaban silenciosamente sus recetas en materia de tapas y bocadillos, y también la elaboración de su propio vermouth.

El bar Salvat, ubicado en el barrio de Sants, es conocido por sus anchoas, que pueden ir acompañadas de pan con oliva y un plato de ajíes verdes, pequeños y dulces, y papas bravas.

Sin embargo, para comer las mejores “patatas bravas”, hay que transportarse hacia Sarria-Sant Gervasi y acercarse al Bar Tomás, famoso por tener la mejor versión de este plato.

En tanto, en el Raval, a minutos de las Ramblas, se encuentra el emblemático Bar Kentucky que, fuera de las tendencias de diseño, se mantiene fiel a su estética.

Barrios como Gracia, Pueblo Seco, la Barceloneta y Pueblo Nuevo son algunos de los receptores de las mejores bodegas para salir de tapas, banderines y pinchos, y beber los mejores vermouths caseros y vinos catalanes.

De todos los barrios de Barcelona, Gracia es uno de los que más ofertas tiene en cuanto a comercio, consumo y gastronomía. Entre los más destacados está el bar Casa Alfonso que data de 1934, declarado incluso de interés cultural en la ciudad.

Pese a haber sufrido modificaciones, esta bodega familiar ofrece croquetas, buñuelos de bacalao, pulpo a la gallega y pescadito frito.

Inaugurado en 1954, el bar Quimet es un lugar excepcional del barrio de Gracia, donde se encuentran los clásicos toneles con vinos, las mesas de mármol y paredes atiborradas de botellas de vino.

Allí se pueden probar los chacinados extremeños, anchoas, boquerones, navajas, mejillones y berberechos en conservas y otros platos de elaboración propia, acompañados de una copa de vino o un vermut casero. Más cerca del mar, en el barrio de La Barceloneta, está el Cova Fumada, una bodega que mantiene la identidad del barrio de marineros, que ofrece pescado fresco y variado: calamares a la romana, arenques, sardinas, pulpo y gambas.

Pero hay una tapa que se destaca por sobre las demás: la bomba (papa rebozada y rellena de carne), que puede ir sola o acompañada de salsa alioli. A dos cuadras de las Ramblas del Pueblo Nuevo está La Pubilla del Taulat, pequeña y luminosa bodega en donde su cocinero fríe en el momento chipirones, calamares o sepias. En las calles del barrio de Pueblo Seco sobrevive la Bodega Xavier Can Anxoves. El recorrido gastronómico hacen de Barcelona un destino más que interesante no sólo para disfrutar, sino para conocer su cultura desde otro lado, uno de los más tradicionales, y despedirla con un cálido buen provecho y hasta pronto.

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Arriba. Los bares del centro de Barcelona conservan su estilo bohemio. Derecha. Una gran variedad de tragos ofrecen los restoranes catalanes.
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