Ocho años después de que Kosovo declarara su independencia, las protestas en el Parlamento y en la calle contra un acuerdo para normalizar relaciones con Serbia ponen en duda la capacidad de este pequeño país para superar sus divisiones.
Según Albin Kurti, uno de los diputados de oposición que lanzaron gases lacrimógenos en el Parlamento para protestar, estas medidas radicales son necesarias para salvar el país.
"Quizá la gente se sienta un poco escandalizada. Pero creo que la mayoría entenderá que tiene que haber mucha miseria en este país, un gran peligro para que los parlamentarios se vean obligados a hacer algo así", explica a la AFP en la oficina de su partido en Pristina, la capital de Kosovo.
Desde octubre él y otros diputados han paralizado sistemáticamente el Parlamento con gases lacrimógenos, una acción condenada por la comunidad internacional y por la que Kurti ha tenido que cumplir una pena de prisión y de arresto domiciliario.
También se han vivido protestas en las calles, igualmente reprimidas con gases lacrimógenos.
El principal motivo de protesta es el acuerdo con Serbia, auspiciado por la Unión Europea, que dará más poder a la minoría serbia del país.
