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"Auto Zapatilla"

El abuelo del Fiat Topolino: la increíble historia del auto pequeño y barato que conquistó a un continente

Así como el de Fiat, los pequeños autos eléctricos ganan la calle. Su origen se remonta a la posguerra europea, cuando la necesidad de movilidad económica impulsó modelos accesibles

Por Pablo Philippens

Los microcoches eléctricos atraviesan un nuevo auge en distintos mercados del mundo. Modelos como el Citroën Ami, el Fiat Topolino y el Microlino volvieron a poner de moda los vehículos compactos, urbanos y de bajo consumo, recuperando una idea que nació hace más de siete décadas en una Europa devastada por la guerra.

Detrás de esta tendencia moderna aparece una historia marcada por la reconstrucción social y la necesidad de crear autos simples, baratos y funcionales. Uno de los casos más emblemáticos fue el del Biscúter, un pequeño vehículo que dejó una huella profunda en España durante los años cincuenta y sesenta.

El proyecto nació en Francia de la mano de Gabriel Voisin, pionero de la aviación y empresario ligado a la fabricación de aviones militares durante la Primera Guerra Mundial. Impactado por la destrucción provocada por los conflictos bélicos, Voisin prometió abandonar definitivamente la producción de maquinaria de guerra y orientar su trabajo hacia usos civiles.

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Así era el primer auto pequeño y con características de moto que luego terminó conquistando a Europa. Foto: gentileza El País

Tras dedicarse durante los años 30 a la fabricación de automóviles de prestigio, el ingeniero decidió avanzar en un concepto completamente distinto: un vehículo extremadamente económico pensado para una población empobrecida tras la Segunda Guerra Mundial, recuerda diario El País.

El pequeño auto que marcó una época

Así nació el “biscooter”, un microcoche minimalista construido con carrocería de aluminio Potez, capota de lona y un parabrisas abatible. El vehículo utilizaba un motor monocilíndrico de 125 cc derivado de motocicletas Gnome & Rhône, una elección que además permitía conducirlo sin licencia en aquella época.

El prototipo Voisin Biscooter fue presentado en el Salón de París de 1950 y despertó una enorme curiosidad por sus dimensiones reducidas, ya que apenas superaba los 2,5 metros de largo. Y por la promesa de un precio accesible. Sin embargo, la iniciativa nunca prosperó comercialmente en Francia y, tras la fabricación de 15 unidades de preserie, el proyecto quedó suspendido.

El destino del modelo cambió cuando empresarios españoles compraron la patente para producirlo en un país que todavía atravesaba fuertes dificultades económicas tras la Guerra Civil. En 1953, el vehículo fue relanzado bajo el nombre Biscúter y comenzó a fabricarse en Barcelona a través de la empresa Autonacional S.A.

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Una de las primeras versiones del Biscúter. Foto: gentileza El País

Incluso el propio Gabriel Voisin, ya con 80 años, participó personalmente en la puesta en marcha del proyecto y viajó desde París manejando uno de los prototipos originales.

La versión española reemplazó el motor francés por un Hispano Villiers de 200 cc y 9 CV, aunque mantenía una particularidad insólita: no tenía marcha atrás, por lo que los conductores debían empujarlo manualmente al estacionar.

Popularmente apodado “Zapatilla” por su silueta, el Biscúter se vendía por 25.000 pesetas (unos 150 euros actuales) y durante una década se convirtió en una solución de movilidad para miles de personas.

A lo largo de su producción se lanzaron versiones familiares, descapotables, utilitarias y hasta un coupé de aspecto deportivo. En total, se fabricaron alrededor de 10.000 unidades antes de que el avance del SEAT 600 transformara definitivamente el mercado automotor español en los años 60.

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