Exploración

Minería en Malargüe: Corcovo, el tercer camino del uranio en Mendoza

El proyecto Corcovo, impulsado por Blue Sky Uranium en Malargüe, se basa en la detección de uranio en registros de pozos petroleros

Lo impulsa la canadiense Blue Sky Uranium, que en Río Negro desarrolla Ivana, considerado el proyecto más adelantado de Argentina para volver a producir uranio a escala comercial. Corcovo, que además forma parte de Malargüe Distrito Minero Occidental III (MDMO III), todavía se analiza y va detrás de la remediación de Sierra Pintada, en San Rafael, y de la exploración de Huemul, también en Malargüe.Su interés está en que propone otra vía: buscar el mineral a más de 500 metros de profundidad y, si los resultados acompañan, extraerlo sin abrir una mina.

El interés por estos proyectos parte de un dato nacional. Argentina tiene toda la cadena de desarrollo nuclear, pero importa el 100% del uranio que consume desde que Sierra Pintada dejó de producir. Ese eslabón faltante es el que hoy vuelve a poner a Mendoza en el mapa, con tres proyectos en situaciones muy diferentes.

Sierra Pintada, el gigante en remediación

Entre 1975 y 1997, el complejo de San Rafael produjo unas 1.600 toneladas de uranio, y todavía es considerado el mayor yacimiento conocido del país. Hoy no extrae mineral: está en remediación ambiental, es decir, en el proceso de resolver los pasivos que dejó la explotación. Terminar esa etapa es un requisito indispensable antes de evaluar cualquier reactivación.

Su ventaja frente a los demás proyectos está en lo que ya existe: infraestructura industrial, sistemas de tratamiento y licencia regulatoria vigente. Nación también volvió a mirarlo: en junio, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, señaló como prioridad construir licencia social en torno a la minería de uranio.

Sierra Pintada es el proyecto que quiere impulsar la Nación, pero sigue en etapa de remediación.

Huemul, la vieja mina que vuelve a explorarse

Huemul, en Malargüe, fue la primera mina de uranio en producción del país. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) la operó entre 1955 y 1975, y hoy el distrito está en manos de Jaguar Uranium, que ya pasó al trabajo de campo.

La compañía tomó 200 muestras en ocho áreas y contempla una campaña de unos 2.000 metros de perforación, con una inversión informada de U$S1,1 millones, ubicada entre fines de 2026 y el primer semestre de 2027. La Declaración de Impacto Ambiental que obtuvo en 2024 corresponde a la exploración de cobre, por lo que el objetivo de uranio requiere su propio trámite.

Sierra Pintada y Huemul comparten un punto de partida: en ambos casos se sabe que hay uranio porque ya se extrajo. Corcovo llega por otro camino.

Corcovo, el uranio detectado en los pozos

El proyecto reúne dos propiedades contiguas, de unas 20.000 hectáreas en total, en el margen noreste de la Cuenca Neuquina, donde también está Vaca Muerta. La CNEA ya había definido el potencial geológico de la región, y Blue Sky adquirió el proyecto en 2024.

Cuando se perfora un pozo petrolero, se baja una herramienta que registra, entre otros datos, la radiactividad natural de cada capa de roca. Una lectura alta puede indicar la presencia de uranio. La compañía tomó esos registros y los leyó con otra pregunta en mente: ya no buscaba hidrocarburos, sino el mineral.

Primero revisó 89 pozos, y 30 mostraron anomalías, repartidas en cuatro capas superpuestas. La más continua está a entre 500 y 600 metros de profundidad, con espesores de hasta 10 metros. Después consiguió información de otros 449 pozos y 34 líneas sísmicas. Al integrar los primeros 104, delimitó una zona de anomalías de unos 2,2 kilómetros de largo por 500 metros de ancho, en un corredor que sigue abierto hacia el noroeste.

Esas cifras son una estimación indirecta, porque el uranio se calcula a partir de la radiactividad registrada en los pozos. Los expertos resumen al describir los indicios como muy positivos, pero con la tarea de demostrarlos todavía por delante.

La apuesta de Blue Sky es la recuperación in situ. En lugar de excavar, se perforan pozos inyectores y extractores: por unos entra una solución que disuelve el uranio de la roca y por otros sale a la superficie. Este método ya explica entre el 50% y el 60% de la producción mundial, y la empresa toma como modelo a Inkai, en Kazajistán, un referente global de esta técnica. No funciona en cualquier lugar. Requiere, entre otras condiciones, un acuífero bien sellado y confinado, sin otro uso para esa agua.

Argentina necesita volver a producir mineral de uranio para completar la cadena de desarrollo de energía nuclear.

Corcovo dentro de MDMO III

Esa discusión técnica convive con un encuadre provincial. Corcovo integra MDMO III, la tercera etapa del esquema con el que Mendoza reúne proyectos de exploración en Malargüe. El titular de los derechos mineros es Minera Cielo Azul, la subsidiaria argentina de Blue Sky, mientras que Impulsa Mendoza es la proponente del informe de impacto ambiental de la etapa de exploración, elaborado en septiembre de 2025.

El proyecto se compone de cinco propiedades, de Corcovo 1 a Corcovo 5, en el distrito Aguas Escondidas, a unos 48 kilómetros al sureste de Pata Mora. Se llega desde Los Ramblones por la Ruta Provincial 189, que termina a 17 kilómetros del área, y el último tramo se hace por huellas y caminos comuneros.

Ese informe fija como objetivo conocer mejor el potencial de pórfidos de cobre y otras estructuras metalíferas, un tipo de depósito distinto del que Blue Sky describe para el uranio. Es un cuadro parecido al de Huemul, donde el aval ambiental corresponde al cobre y el interés de la empresa está puesto en el uranio.

En lo ambiental, el área no tiene reservas dentro de sus límites: La Payunia está a 18 kilómetros y Maar Los Loros, a 41. Aun así, el estudio ubica a algunos sectores en una categoría de vulnerabilidad alta, y cualquier actividad en el terreno exige una inspección y una autorización ambiental previas. También hay puestos de pobladores rurales, cuyo consentimiento es obligatorio antes de entrar a trabajar, y en la localidad arqueológica de El Corcovo se registran ocupaciones humanas de los últimos 2.000 años, con arte rupestre y artefactos de sílice, basalto y obsidiana.

Por qué va detrás

Lo que falta explica el lugar de Corcovo en esta carrera. La hoja de ruta que la compañía difundió en agosto de 2025 incluía incorporar los 344 pozos restantes, conseguir sísmica 3D y tomar muestras de agua y de recortes de perforación para validar los datos. Después tendría que llegar la perforación propia, necesaria para confirmar el mineral y avanzar hacia una estimación de recursos, el dato que permite hablar de cuánto uranio hay.

Los expertos advierten que llegar a producir llevará años y comparó el proceso con el de Vaca Muerta, por la inversión y el tiempo que demanda.

La empresa detrás del proyecto

El respaldo de Corcovo es la trayectoria de Blue Sky en Río Negro. Allí, la compañía tiene su proyecto principal, Amarillo Grande, cuyo corazón es Ivana, el depósito de uranio y vanadio con el que busca llegar a producir. En octubre, el informe mundial de la OCDE y el Organismo Internacional de Energía Atómica, incluyó a Ivana entre los cuatro posibles centros de producción de uranio del país, junto con Laguna Salada, Cerro Solo y Sierra Pintada, la única mendocina de esa lista.

Este año, la compañía se concentró en los estudios que deben definir si Ivana puede convertirse en mina. En marzo inició un estudio hidrogeológico para conocer el agua subterránea y las posibles fuentes de abastecimiento. En mayo firmó acuerdos de ingeniería y metalurgia para avanzar hacia la prefactibilidad y la factibilidad, con pruebas sobre unos 900 kilos de muestras. Su hoja de ruta calcula unos 24 meses y U$S13,5 millones para completar esos pasos y presentar la evaluación de impacto ambiental final, con la factibilidad prevista para el segundo trimestre de 2027.

Al mismo tiempo, busca más mineral en los alrededores. En octubre arrancó el trabajo de campo de un programa de seis meses, financiado por Corporación América, el grupo de Eduardo Eurnekian, que puede llegar al 80% de la sociedad que opera Ivana si completa la factibilidad y financia hasta US$160 millones, además de los U$S35 millones de la primera etapa.

Eso no traslada el resultado de un proyecto al otro. Ivana puede explotarse a cielo abierto, porque su mineral está cerca de la superficie y en arenas sueltas, mientras que Corcovo apunta a capas ubicadas a más de 500 metros y a otra técnica. El presidente de la compañía, Nikolaos Cacos, ubicó a Ivana como el presente de la empresa y describió a Mendoza como una gran oportunidad, aunque todavía en una etapa inicial.

Por eso, el próximo hito de Corcovo será la primera perforación propia. Recién entonces se sabrá si el uranio que insinúan los viejos registros petroleros alcanza para convertir al tercer camino en un proyecto minero.

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