Mendoza Viernes, 6 de julio de 2018

Científico mendocino del INTA descubrió nuevas especies de insectos

Una es Frankliniella juancarlosi, un bichito que se alimenta de hortalizas y frutales. Todavía no es una plaga, pero sus parientes cercanos sí. Hay que controlar su desarrollo.

Mientras el fin de semana usted disfrutaba de remolonear en la cama hasta tarde o de comerse un asadito en familia, Carlos de Borbón seguía su investigación científica sacudiendo plantas para encontrar insectos. La perseverancia del investigador lo llevó, al mimo tiempo que cualquier otro cristiano domingueaba, a descubrir nuevas especies de bichitos que para un ojo no experimentado hubiesen pasado totalmente desapercibidas.

De un tamaño diminuto, sin el microscopio y a simple vista es casi imposible ver en dónde está el ahora bautizado Frankliniella juancarlosi (en referencia a Juan Carlos, el padre fallecido de Carlos). Pero el investigador, luego de años de agudizar su vista para descubrir insectos, se dio cuenta de que estaba frente a una nueva especie.

Carlos es ingeniero agrónomo e investigador del Laboratorio de Entomología de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en Luján de Cuyo y junto con una colega de Jujuy -María Inés Zamar, entomóloga de la Universidad Nacional de Jujuy- intercambiaron datos e insectos y publicaron la información de sus descubrimientos en la revista internacional Zootaxa. A lo largo de su carrera como investigador, Carlos ha descubierto 11 nuevas especies de insectos en más de una década.

"Hay especies parecidas que transmiten virus, por ejemplo a tomates, lechuga, papas, en hortalizas, y que también afectan a los frutos, les hacen lesiones que desmejoran la calidad. Distinguir entre especies plagas, que producen daño económico, y especies que hasta el momento no se han mostrado perjudiciales es fundamental, porque puede definir si una planta es fuente de infestación o no", señaló De Borbón.

Las dos nuevas especies, que fueron detectadas en plantas cultivadas, malezas y autóctonas de Mendoza en zonas de Luján y Lavalle, entre otros lugares, pertenecen al orden de los tisanópteros: diminutos insectos que se conocen popularmente como trips. Son de cuerpo delgado y miden entre 1 y 2 milímetros.

Tal como se describe en la revista Zootaxa, los insectos descubiertos pertenecen al género Frankliniella, el mismo del trips de las flores o Frankliniella occidentalis: una plaga de cultivos hortícolas y plantas ornamentales que causa importantes pérdidas económicas en el mundo.

"Hay especies que son muy específicas de algunas plantas. Entonces se puede usar esa planta para que se junten por ejemplo pulgones y sobre eso se críen enemigos naturales, y en manejos agroecológicos tienen un uso. Por eso aparte del conocimiento científico básico, la investigación tiene este tipo de aplicaciones", explicó el científico.

Sobre un muestreo de distintas plantas en la estación experimental, de Borbón recolectó insectos y también le enviaron de otras provincias. Usó, además, métodos no tan formales, como "sacudir plantitas" los fines de semana. "Encontré una de las especies y vi caracteres que no son de los más comunes. A partir de ahí las vi en lupa y después se hacen preparaciones microscópicas en donde se ven los detalles para, con descripciones de otros insectos, hacer las comparaciones y determinar si son nuevas", explicó.

Aplicación a futuro

Descubrir y estudiar a estos pequeños insectos puede servir en un futuro para controles de plagas y para disminuir, incluso, el uso de agroquímicos. "Hay Frankliniellas que son sensibles a ciertos insecticidas y otras que son resistentes. Entonces al aplicar el químico no mueren las especies resistentes, pero sí todas las demás", comentó.

El investigador también contó que estas investigaciones pueden llevar al desarrollo de controles biológicos de plagas, es decir, bichitos que se alimenten de otros que afectan a los cultivos.

"Tenemos una brecha muy grande entre los países desarrollados que ya usan esos controles de forma habitual y nosotros, en donde usamos muchos insecticidas que son muy tóxicos. Es mucho más caro el control biológico. Hay algunas empresas que comercializan enemigos naturales y en Argentina hay por lo menos una, pero no en Mendoza", sostuvo. Dijo que en los próximos proyectos de investigación se está pensando en el desarrollo de control biológico y que hay que ofrecerles a las empresas tecnologías para que puedan generar ese producto.

"Tenemos que plantear el control biológico de plagas como una meta y hay que hacer investigación en eso. En Mendoza se podría usar en invernaderos" (Carlos de Borbón, investigador del INTA).