En la siesta del 13 de junio de 2014, Andrés García Campoy, de 20 años, fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza, dentro de su auto, en las inmediaciones de la Destilería, en Luján. La causa está caratulada como homicidio agravado y los implicados son dos gendarmes. Cuando pasó a manos de la Justicia Federal, los efectivos quedaron en libertad. La mamá de Andrés asegura que es un caso de gatillo fácil y lucha para conseguir justicia y saber porqué mataron a su hijo.
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Después de largos casi seis años, en febrero de este 2020, realizaron peritajes en la vieja carabina que tenía Andrés el día de su muerte, para determinar el tipo heridas que deja al ser disparada y también si deja rastros de pólvora en la mano o no. Pero por la pandemia y la suspensión de casi todas las actividades, no se pudo avanzar y una vez más la causa quedó congelada.
Andrés estudiaba licenciatura en Seguridad e Higiene Industrial en la Universidad de Aconcagua. Mónica Campoy, su mamá, asegura que era un chico tranquilo, sin vicios, sin problemas, y que le encantaba leer y estudiar.
“Sostengo que a Andrés lo mataron. Es todo lento y la Justicia actúa así cuando quieren encubrir a una persona”, indicó Mónica. El juez federal Walter Bento fue quien tomó la causa debido a que los sospechosos del hecho son dos gendarmes, los cuales hoy están en libertad y en funciones, “como si no hubiese pasado nada”, dijo la mujer.
“Esto tiene que empezar de nuevo y que venga gente que realmente quiera hacer el trabajo”, agregó Mónica, quien todos los días se pregunta por qué mataron a su hijo, y por eso su incansable lucha en reclamo de justicia.
“Nunca voy a saber la verdad. Yo quiero saber qué pasó en ese control y por qué lo mataron, por que reaccionaron así contra él. Andrés no era contestador, no era impulsivo, era muy tranquilo. No quiero que quede en la nada”, dijo Mónica.
Lo único que quiere es que la causa llegue a juicio para saber qué pasó con el crimen de su hijo.
El hecho
Hace seis años Andrés salió de su casa de Capital para ir hasta Luján, en la zona de la Destilería, donde había una persona para venderle una carabina de 1.890 que, según se sabía, no funcionaba.
Salió en su Peugeot, del cual tenía todos los papeles al día, y al llegar a la Destilería habría sido parado en un control de Gendarmería.
“Fueron los gendarmes Maximiliano Alfonso Cruz y Corazón de Jesús Velázquez”, indicó la madre del joven, quienes quedaron en libertad por falta de pruebas, según dijo la Justicia.
Desde ese momento los relatos fueron confusos, ya que los efectivos indicaron que se trataba de un suicidio, pero cuando llegó el fiscal de turno en ese momento, sospechó que se trataba de un homicidio y así lo caratuló.
Un indicio raro era que se suicidara con una carabina en la parte de atrás de la cabeza, lo que sería casi imposible por el largo del arma. Además, en el auto no había rastros de sangre, y la principal sospecha fue que lo asesinaron fuera del vehículo y luego intentaron “acomodarlo” para aparentar un suicidio, de acuerdo al relato de la mujer.
Además, a los gendarmes sospechosos les hicieron los peritajes de pólvora en la mano y otros más, a los cinco días, tiempo suficiente para que no queden evidencias, indicó la madre de la víctima.
El celular de Andrés, hasta el día de hoy no se pudo peritar, a pesar que allí podría haber información muy relevante para la causa.
Además, una pericia psicológica posmorten indicó que el chico de 20 años no tenía tendencias suicidas.
