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La Yaqui

La jefa narco más conocida de Mendoza quiere lanzar su propia marca de ropa y lencería

Sandra Jaquelina Vargas, La Yaqui, lleva 7 años y 11 meses presa por narcotráfico y lavado de dinero. En la prisión terminó la secundaria y está por encarar estudios universitarios. En este entrevista cuenta detalles de su pasado criminal, su presente, su nueva forma de ver las cosas y sus aspiraciones en el marco de la ley

Sandra Jaquelina Vargas (46), más conocida como La Yaqui, la jefa narco del barrio Campo Pappa, de Godoy Cruz, cumple una condena por asociación ilícita y lavado de dinero. Desde la cárcel de El Borbollón, en Las Heras, donde está en fase de confianza, aseguró que quiere tener su propia marca de ropa y vivir de eso cuando salga en libertad.

Pero ese no es el único sueño que da vueltas por su cabeza. Su otro proyecto es escribir su libro, donde quiere plasmar su “verdadera historia”.

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Sentada bajo la sombra, en el patio del sector de mujeres del único penal mixto en Mendoza, durante una mañana de mucho calor, la reconocida ex narco aseveró: “Yo tengo pensado, y está en mi cabeza, diseñar una marca de ropa. Volcar todo lo malo que se habló de mí. Si bien delinquí, yo soy consciente que vendí droga, me quiero diseñar una marca y diseñar ropa deportiva y ropa interior. Con mi hermana Silvana Vargas sabemos mucho. Tengo una máquina en mi casa y somos rápidas para trabajar”.

Además, La Yaqui aseguró que el ser tan mediática le jugó en contra muchas veces, pero otras a favor: “Soy buena vendedora. Creo que me va a ir bien. Todo lo que hago a todos les gusta y como soy ‘La Yaqui’...”.

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Los bolsos materos que realiza La Yaqui. Ella compra las telas y realiza las combinaciones de sus diseños.

Los bolsos materos que realiza La Yaqui. Ella compra las telas y realiza las combinaciones de sus diseños.

Indicó que vivir en la cárcel y experimentar el encierro le generó un cambio positivo en su cabeza: “No quiero volver a estar presa nunca más en mi vida. Yo siempre fui coqueta, entonces sí puedo, tengo presencia, me gusta, quiero hacer esto. Ahora estoy aprendiendo informática, que me faltaba”.

En los 7 años y 11 meses que lleva detenida, terminó la secundaria y fue escolta de la bandera Nacional por sus excelentes calificaciones. Esto la benefició en un adelanto de condena en 1 año y 4 meses. Pero eso no fue suficiente para ella, y en el 2022 seguirá con los estudios: “El año que viene empiezo la facultad, para Asistente Social, pero había salido otra carrera, Gestión de Empresas, y no sé si cambiarlo, porque si quiero tener mi emprendimiento me va a servir”.

“Yo acá aprendí a hablar con mucha gente de igual a igual y no es diferente. Yo siempre me sentía menos, como que no me sabía expresar, por eso yo no me pude defender. Y soy llorona, soy sensible. Me duele la vida, me duelen mis hijos, me duele todo. Aparte de ser todo, La Yaqui tiene sentimientos, La Yaqui es mamá, La Yaqui es una persona. Me duelen todos estos años que me metieron presa, me dolió la vida, me dio mucha bronca ver gente que caía y que se iba, que entraba por una puerta y se iba, y por qué a mí nunca me daban nada”, expresó entre lágrimas, ya que se le ha negado el beneficio de salidas transitorias o prisión domiciliaria por ser “La Yaqui”.

“Tengo que dar vuelta toda esta historia, pero bien, empezar de cero, y yo sé que puedo. Me costó un montón estos últimos tiempos, me costó mucho, te invade la tristeza, la soledad. Pero soy fuerte, y voy a salir adelante”, analizó la mujer de 46 años.

Sandra Jaquelina Vargas, La Yaqui, fue condenada a 15 años de prisión, por narcotráfico y lavado de dinero, en mayo de 2016 por el Tribunal Oral Federal 2. En la misma causa recibieron distintas penas su hija, un sobrino, tres hermanas y su suegra.

“Aparte quiero escribir mi historia, porque la quiero contar, contar cómo fueron realmente las cosas y no todo lo que se habla. Quiero ver si tengo suerte. Creo que sí porque soy muy entradora, porque cuando me conocen todos dicen que no soy lo que decían en los medios. Soy una persona, soy normal, soy una mujer que delinquió, obvio que tengo mi carácter, me hice respetar.

Su libro

Una de las cosas que dijo que quiere explicar en su libro es que no respondían a ella los conocidos “soldaditos de La Yaqui”, una banda de sicarios y narcos que durante años asoló el oeste de Godoy Cruz. “Muchas cosas se dijeron que nunca fueron ciertas. Los soldaditos o pichones no respondían a mí, yo no tenía nada que ver con ellos. Sí era un grupo de chicos que se juntaban con un sobrino y mi marido estaba con ellos", dijo en relación a su concubino Cristian Gelvez, otro narco asesinado a tiros en enero de 2014.

“Este pibe el Cara Cortada se mandaba pedos porque se los mandaba solo, nadie lo mandaba. Lo conocía de chico, había sido muy discriminado ese pibe por ser del Campo Pappa. A él nadie lo mandó a hacer nada. Después se puso indio porque se juntaron varios, ya eran más grandes y mi marido era de la batuta. Pero las cagadas que se mandó él, se las mandó solo no porque alguien lo mandaba a hacer esas cagadas”, detalló.

El accionar de este grupo de chicos era en base a códigos que tienen en claro: “Cuando había un problema iban todos juntos. Los que son del ambiente son todos amigos y van a ir con la persona que tenga un problema. Se responde así, no mandás a nadie, van a defenderse todos juntos. Y si se tienen que tirotear con la Policía lo hacen”.

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Aseguró que todo lo que se dijo no fue cierto, por lo que quiere escribir un libro para contar la historia desde andetro.

Aseguró que todo lo que se dijo no fue cierto, por lo que quiere escribir un libro para contar la historia desde andetro.

En medio de toda esta ola de violencia ocurrida en el Oeste de Godoy Cruz durante el 2013 y 2014, Cristian Gélvez, marido de La Yaqui, fue asesinado a balazos en medio de una pelea con una persona con quien tenía problemas de vieja data. “Después que marido quedara muerto y yo detenida, y con todas las muertes que hubo, ¿qué pasó en todo eso? Decí que caí presa, porque después hubo quemados que yo no tenía idea de nada, pero decían que yo comandaba todo desde acá, pero yo estaba tranquila porque siempre tuve teléfono legal. Nunca tuve nada que ver con nada más. Todo se termino ahí”.

“Siempre llega un momento que se me hace chico acá y te cansa, pero yo siempre agarro un libro y me pongo a leer. Leí muchos libros de autoayuda de Bernardo Stamateas que me ayudaron mucho. Y ahora me tengo que poner a escribir”.

Su familia y su vínculo con el delito

Vengo de una familia humilde pero trabajadora. Mis padres nos daban lo que tenían, pero siempre nos dieron buenos ejemplos, nunca malos”, recordó La Yaqui, sobre su padre, quien era empleado municipal y su madre, una ama de casa que también se dedicaba a la cosecha, quienes criaron a 10 hermanos. “Nunca nos dieron un mal ejemplo. Nos criaron de una u otra manera, pero bien. Yo fui la que se salió de eso”, insistió.

A los 15 años conocí a Cristian. Siempre me reprocharon eso. Me decían por qué andaba con ese drogadicto. Pero bueno, a mí me gustaba. Admiraba esa clase de gente, él era así”, dijo mientras levantó cabeza y sacó pecho: “Él era Cristian Gélvez. Andaban todas detrás de él. Él robaba, se la aguantaba, yo era chica, tenía 15 años y él ya tenía calle, ya venía de un montón de cosas, hasta que cayó preso, y así me metí en este mundo”.

Con sus ojos empañados por lágrimas y con la voz quebrada afirmó: “Lo sigo extrañando. Desde los 15 años estuve con él, y falleció a los 40. Era una especie de ídolo para mí, era todo, pero tengo que seguir”. Con Gélvez, La Yaqui tuvo a sus cinco hijos.

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Cristian Gélvez, el marido de La Yaqui, quien murió luego de ser baleado en el barrio Campo Pappa, de Godoy Cruz.

Cristian Gélvez, el marido de La Yaqui, quien murió luego de ser baleado en el barrio Campo Pappa, de Godoy Cruz.

Dijo que conoció a un par de personas, pero no prosperó ningún tipo de relación: “No sé si voy a encontrar otro amor. Ahora no me interesa, pero sí hay momentos de preguntarme por qué se fue, por qué me dejó sola. Me enojé porque siempre le decía: ‘Cristian déjate de hinchar las pelotas, mirá como salgo en los diarios’, y él me respondía: ‘No te preocupes reina que yo me voy a hacer cargo de todo’”.

En su interior, La Yaqui sabía que las cosas no iban a terminar bien: “Yo sabía que hacía algo malo, pero yo no andaba a los tiros. Y me enojé, mucho tiempo estuve enojada con él porque siempre dije que él me arrastró a caer presa de esta manera. Quizás si hubiese caído presa de cualquier otra manera hubiese sido diferente y haya tenido la posibilidad de cualquier mujer de irse a su casa, de no ser tan mediática. Estuve enojada mucho tiempo, pero para mí él era todo, era mi mundo, eran mis hijos, él y yo, nadie más”.

Su mamá. El día que detuvieron a la Yaqui y empezó la investigación. Foto: Archivo.

“Yo sabía que hacía cosas que no tenía que hacer y tarde o temprano iba a caer presa. Pero yo ya me había ido a san Luis dos años antes que él muriera. Mis hijos estaban en la escuela allá y yo quería ponerme mi negocio y dejarme de joder, quería cambiar mi vida, pero él seguía en la misma. Era difícil que él cambiara, pero creo que si me lo llevaba a San Luis iba a cambiar, porque él salía en enero (de la cárcel). Colgábamos los guantes y nos íbamos, pero no se pudo”, relató y reflexionó: “Por algo Dios me trajo hasta acá. Creo en el destino, porque sino capaz me hubiese pasado algo a mí o a mis hijos”.

El mayor dolor de La Yaqui

Sus hijas gemelas de 12 años son un capítulo aparte en su vida. Cuando Gélvez fue asesinado, a los pocos meses ella fue detenida en 2014 en su casa en San Luis. Las nenas en ese momento tenían apenas 4 años, acababan de perder a su padre y luego también a su madre.

“Sigue la familia unida y nunca les pasó nada porque en realidad no fue todo como dijeron. Si hubiese hecho todas las maldades que dicen que hicimos, a mis hijas les hubiese pasado algo. Mis hijos viven tranquilos, no les falta de comer, están bien. Sino dónde me los tendría que haber llevado, se tendrían que haber ido”.

Pero su fama en las noticias afectó a las niñas: “Mis hijas sufrieron bullying en las escuelas por ser las hijas de. Cuando les preguntan si son las hijas de La Yaqui no saben qué responder. Siempre me estigmatizaron en los medios, cada cosa que pasaba en el Pappa era culpa mía, y no es así. Y por eso a mí no se me respeta ninguna ley, y yo vengo haciendo todo bien acá adentro”.

Dijo que cuando fue detenida pidió prisión domiciliaria para estar al cuidado de sus hijas, como ocurre generalmente en estos casos, pero a ella no se la dieron por ser La Yaqui. Habiendo cumplido ya más de la mitad de su condena, la última solicitud presentada este año para obtener salidas transitorias o seguir la condena en su casa del barrio Los Toneles, también le fue negada.

Espero que pronto me den un beneficio porque deben cumplir con la ley, así como yo cumplo con todos los requisitos que se piden acá. Es voluntad, si querés cambiar, es solo es voluntad. Sí me hice respetar, pero como era La Yaqui todos me querían conocer y eso me jugó a favor”, sostuvo.

No tranza

Yo delinquí sola. Nunca hubo un político ni un policía. Llegué hasta donde llegué sola, llegué a hacer el dinero que hice sola. Hoy por hoy, así como las cosas las hice mal, ahora las puedo hacer bien y me pueden salir mejor”, expresó la mujer más nombrada en el mundo narco de Mendoza, y aseguró estar arrepentida de esa vida pasada.

“Pasó todo muy rápido desde que empezó a salir mi marido de permiso. Ahora veo que como hice las cosas mal, y pude hacer dinero, yo sé que puedo hacer las cosas bien y hacer dinero, porque soy una mujer inteligente, y eso lo entendí acá. Mi realidad afuera era otra”.

“Acá entendí lo que es la política, la Policía, toda la corrupción, y sinceramente no me gusta. Entonces siempre iba a perder, porque yo no estaba metida con nadie. Sino decime, ¿a qué traficante grande de Mendoza le sacaron las cosas que tienen? A mí me quitaron todo, los vehículos y demás, hasta los vehículos que ya no nos pertenecían los secuestraron igual y sacaron los vehículos que era de otra gente. A la única que condenan y marcaron precedente con lavado de dinero es a mí”, manifestó.

Y siguió: “Nunca hubiese tenido para arreglar, pedían millones, y yo me quedé sin nada. A mi me quitaron todo. Y si alguna vez la Policía me hubiese querido coimear, no lo hubiese hecho porque yo vengo de códigos de antes, y con la Policía no se arregla”.

Se cuelgan de La Yaqui

Aseguró que ella heredó el peso de todo luego de que mataron a su marido en el interior del Campo Pappa: “Hasta el día de hoy hay gente que dice que son ‘parientes de La Yaqui’, como para meter miedo”.

Y contó una anécdota ocurrida dentro del penal: “Un día, una compañera se peleó con el marido porque estaba con otra mujer. La amante la llama a mi compañera y le dice: ‘¿Sabés quién soy yo?, Yo soy La Yaqui’, y mi amiga le dijo: ‘Pero deja de hablar, si querés ya voy y despierto a La Yaqui que está acá conmigo. Se generó y se genera todavía algo conmigo”.

Fase de confianza

Actualmente pasa sus días en en penal El Borbollón, en Las Heras, donde conviven 13 mujeres que están en fase de confianza, y tres de ellas tienen salidas transitorias. Este régimen es mucho más tranquilo que el encierro en un pabellón, ya que pueden moverse dentro de su espacio con total libertad.

En las mañanas van a la fábrica, donde realizan ropa para empresas, aunque reclamaron que no les llegó el pago de ese trabajo, con el que ayudan a sus familias afuera.

Pero en su tiempo libre tienen acceso a un taller de máquinas para realizar diferentes emprendimientos, como bolsos materos, carteras, necesers, bolsos, delantales, cartucheras, bolsas de higiene con su toalla y mantel, también tejidos y varias cosas más.

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La Yaqui posó para mostrar las cosas que realizan sus compañeras en su taller de máquinas.

La Yaqui posó para mostrar las cosas que realizan sus compañeras en su taller de máquinas.

La Yaqui es una de las que se destaca en esa labor, debido a sus propios diseños y combinaciones. "Yo compro las telas y hago todo esto. Me encanta combinar todo y me gusta mucho el diseño", y de allí surgió su pasión y la idea de crear su propia marca de ropa deportiva.

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Todos esos elementos que confeccionan las internas son vendidos por sus familiares, pero el mismo personal del Servicio Penitenciario es quien les compra.

Espera encontrar un compañero

“Yo quiero estar tranquila. Ojalá el día de mañana encuentre un compañero. No voy a estar sola toda mi vida, pero que no sea del ambiente. Capaz que en la calle encuentre a alguien bien. Soy tranqui, me gusta vivir bien, y sé que ahora la tengo que luchar y la voy a luchar. Voy a poner toda la fe. Ya sufrí mucho, muchos años y mis hijos también”.