Crónicas de la infamia: "Operativo Mayo de 1976" – Capítulo IV

Por UNO

*El siguiente relato es extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

Estudiando medicina de día. Trabajando en una cervecería de noche. Realidad humilde y soñada para un joven de 21 años. Hasta que vio dos armas de fuego y le cantaron las cuarenta: "Vamos, perdiste".

Eugenio Paris, o Keno, tal como le decían sus compañeros de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Juventud Guevarista, es el reflejo en carne viva del centro clandestino D2.

Fue el 13 de mayo de 1976. Como casi todas las noches, estaba Bull & Bush, un popular bar en la esquina de San Martín y Vicente Zapata. El reloj marcaba las 22.45 cuando entraron tres clientes, con gestos enfadados, pero civiles en fin. Dos de ellos sacaron una pistola y le apuntaron. "Vamos, perdiste", le dijo el tercero.

Los secuestradores habían pasado minutos antes por la casa de sus viejos, revolvieron la pieza de Keno y le preguntaron dónde estaba "el paquetito". 

El joven fue sacado a la fuerza de su trabajo, lo subieron a un Peugeot 504 rojo -que en octubre utilizarían en otra detención- y desataron una catarata de golpes que fueron el prólogo de su nueva vida, al menos por los próximos siete años.

Como todos los detenidos del Operativo Mayo 1976, fue a parar al D2. Pero ellos nunca se imaginaron que Eugenio Paris se convertiría en la memoria de la tortura y la muerte.

El primer día fue feroz. Susbuelo y picana durante tres horas. Como nunca estaban satisfechos con el dolor, lo mojaron y electrocutaron en sus partes íntimas. Mientras, le preguntaban nombres de personas que tarde o temprano sufrieron la misma suerte.

Sus próximos años, entre golpizas y amenazas de muerte, los pasó por la cárcel de Boulogne Sur Mer, un penal de La Plata y otro en Rawson, hasta que en diciembre de 1983 recuperó la libertad y volvió a ser el Keno de 21 años. O no.

La memoria de Eugenio Paris no sólo sirvió para aquellos curiosos que decidieron recorrer el D2 cuatro décadas después, sino que también logró identificar a varios de los represores, quienes fueron y serán juzgados.

Sus detalles fueron tales que hasta recordó el asesinato de Rosario Aníbal Torres, nada más y nada menos que un policía. Jefe departamental en una localidad de San Luis que fue detenido y golpeado por sus colegas mendocinos durante seis días consecutivos hasta entrar en coma . "Policía montonero traidor", le gritaban los agresores. Keno, con 21 años, tuvo la difícil tarea de limpiar la celda tras el homicidio, donde abundaba la sangre y hasta excrementos. 

"Vamos, perdiste", le dijo aquel secuestrador, sin darse cuenta que a la larga sería él el derrotado.

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