Eduardo Lerner, dueño de la famosa revista Pronto, apareció en la puerta de su fastuoso departamento del edificio Leparc repartiendo comida como delivery y generó el odio y repudio de sus empelados.
El empresario casi lleva a la desaparición a la emblemática revista y fue obligado por la Justicia a re contratar a los empleados aunque denuncian que no le hace caso y se maneja bajo sus propias reglas, tampoco respeta la cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus.
Los empleados aseguran que al hombre le gusta hacer deporte y para no quedarse quieto se sacó el permiso para repartidor de comida, se asoció a una empresa y anda por la calle sin problemas.
"Es un psicópata", afirma el empleado de la revista al ver las fotos de Lerner "disfrazado" de repartidor.
Al parecer lejos está de una crisis económica el español que vive en nuestro país hace muchos años. Su empresa volvió a licitar por la imprenta Ipesa y la ganó.
