Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 y se suicidó de un disparo en la cabeza, el 5 de febrero de 1967.
Nació en una familia relacionado a la música, porque es hija del profesor de música Nicanor Parra Alarcón y de la campesina Rosa Clarisa Sandoval Navarrete.
La intensidad, pasión y agallas que la llevaron a apretar el gatillo, a sus 49 años, fue la misma con la que vivió, militó y luchó tanto por el pueblo chileno, como por las mujeres y por la música.
Violeta es la artista más importante de la historia de Chile y una de las más importantes de Latinoamérica. Quizás por su talento para distintas ramas del arte, ya que se destacó en la música, pintura, artesanía, poesía y cerámica.
Quizás por su compromiso social y permanente estado de lucha y defensa del pueblo y de la mujer.
Violeta es eso, todo eso. Desde los valores artísticos hasta los personales. Desde su Gracias a la vida hasta su Maldigo del alto cielo.
En sus 49 años, pocos pero intensos, creó canciones, versos, tapices, bordados, brochazos y cerámicas. Incansable creadora, la artista siempre luchó e intentó hacer un lugar mejor en el mundo, en su mundo y en el del pueblo chileno.
Siempre puso al pueblo, a la gente y a sus seguidores como su lucha. Incluso, cuando le preguntaron, en una gira por París, con cuál de todas sus artes se quedaría, ella respondió "con la gente". Eso dejaba a las claras cuál era su verdadera pasión y lucha en el día a día.
Esta identificación con Chile llegó también a la Casa de la Moneda. Cuando le negaban un subsidio o ayuda económica para desarrollar algún tipo de evento su respuesta a los diplomáticos de turno era "no me lo hace a mí, se lo a Chile".
El ganador del Premio Cervantes en el 2011, Nicanor Parra -falleció en enero de este año-, hermano de Violeta, la recordó en el aniversario número 100 como "un corderillo disfrazado de lobo".
Así fue ella, una persona sensible, pasional, comprometida y responsable de la vida, no solo de ella, sino de todos. Con su forma de vestir sencilla, su forma de expresarse, sus ideales y su despojo de lo material, aglutinaban una idea de un Chile popular y de un folclore y una poesía comprometida con su lucha feminista.
Hoy es un término común el de "lucha feminista" pero en aquellos años, en los '50, era algo innovador y utópico pero que Violeta luchó constantemente por la igualdad.
Su canto orgulloso y su agradecimiento a la vida se hicieron mito y quedaron impregnados para siempre en la poesía de su canción.
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Asi yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es mi mismo canto,
Y el canto de todos que es mi propio canto...
Su canto, el de todos, como bien dice la canción, hoy representa a millones de personas y su vida es ejemplo de lucha para gran parte de la población que reclama y copa las calles por igualdad de derechos en todos sus aspectos, no solo feminista.
El año pasado se cumplieron 100 años de su natalicio y eso generó que en todo el pueblo chileno se realizaran más de 40 homenajes a la artista. Claro que en el resto de América también se la recordó con distintos espectáculos.
Quizás todas esas alternativas no fueron suficientes y por este motivo, Cecilia Concha Laborde, decidió darle un giro a los homenajes.
De esta manera nació Violeteras, un material con 51 composiciones de mujeres cantoras de nueve países. Por supuesto, Mendoza está presente en esa larga lista de canciones a través de Paula Neder, Cristina Pérez y Analía Garcetti.
Por este motivo, hoy, a las 22, en La Colombina, las artistas mendocinas junto con Laborde y Francesca Ancarola, también chilena, harán sonar y revivir aquellas canciones de Violeta sumado a sus composiciones que sumaron al disco.
