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"Además de verme como actriz de comedia también me ven como dramática, y eso es algo que tiene que salir de uno, porque muchas veces uno mismo se pone el límite, y yo estoy dispuesta a romper con los límites” (Natalia Oreiro).

Una actriz dispuesta a romper límites

Natalia Oreiro vive un momento muy particular de su vida, repartida entre el cine, la televisión, la canción y ahora también la producción, además de ser esposa de Ricardo Mollo, madre muy presente en la relación con su primer hijo, el pequeño Merlín Atahualpa, y una vital amante de la naturaleza, a la que trata de abrazar cada vez que le sobra un poquito de tiempo.

En poco tiempo, aunque con una mochila de trabajos muy abundante que viene cargando desde muy joven, cuando comenzó como Paquita de Xuxa, y enorme popularidad en países como Rusia e Israel, la actriz y cantante uruguaya ha construido además de la estrella de televisión que siempre fue, y la cantante, que profesa por ahora sólo en Rusia, una sólida carrera en la pantalla grande.

Más allá de sus primeras incursiones en el cine independiente, Oreiro ha logrado posicionarse como figura del cine aquí y en el exterior, sea a las ordenes de Martín Sastre como lo fue en Miss Tacuarembó, a las de Israel Caetano en Francia, a las de Benjamín Avila en Infancia clandestina y más recientemente en Wakolda, de Lucía Puenzo, todas elogiadas y aplaudidas.

“Soy la prueba de que se pueden hacer personajes más accesibles para televisión y otros más comprometidos en el cine. En realidad uno puede hacer lo que quiera siempre que lo haga con respeto. Me acuerdo que cuando empecé a cantar era todo un tema y ahora nadie se cuestiona si yo voy a cantar a Rusia”, aseguró.

Con dos premios Cóndor de Plata como mejor actriz y dos proyectos que piensa poner uno detrás del otro, Gilda: No me arrepiento de este amor, de Lorena Muñoz, y Juana Azurduy, nuevamente con Ávila, asegura que su idea es hacer un año televisión, como ocurrió en 2013 con Solamente vos, y tomarse un tiempo para meterse en el singular mundo del cine.

Cómo encarnar a ídolos populares

“Uno conoce sus propios límites y debe trabajar sobre ellos. Conocer tu límite es tu mejor herramienta.

Ahora que fui madre ya no tengo el mismo registro que hace 10 años, y bienvenido sea porque uno se tiene que ir oxigenando, es decir crecer, probar nuevas cosas. Además soy muy inquieta”, sostiene Natalia Oreiro. “Después de un año en televisión tengo que tener tiempo para mi familia y pensar en todo lo que estoy haciendo, porque es muy difícil ser objetivo, tomar distancia, barajar y dar de nuevo”, asegura.

Sobre su papel protagónico en Gilda..., dice: “Es muy difícil hacer una película de alguien que existió. Para mí, que soy mamá, es muy importante descubrir cómo hace una madre para cambiar de vida, cómo decide con una vida hecha decir ‘este es mi sueño, yo voy para acá, por qué tengo que renunciar a mis sueños si puedo hacerlos realidad’”. El hecho de interpretar a mujeres reales pasa, según Oreiro, por la interpretación “porque para tener algo genuino te comprás un CD o ves un video. Hacer una película de un ídolo popular tiene que ser un hecho cinematográfico, y para lograrlo tenés que ir a la persona, qué pensaba, cómo sentía y cuáles eran sus contradicciones”.

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