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Pianista del fin del mundo

Por Fernando G. Toledofgtoledo@diariouno.net.ar

Ha dado conciertos en las grandes salas europeas. Su estilo pianístico, apasionado y virtuoso, ha sido comparado en ocasiones con el de Martha Argerich. También actriz, participa de una película alemana, Der Gründer, que toma como excusa la idea del fin del mundo para retratar a un disparatado embaucador que le saca partido a la paranoia apocalíptica.

Pero no estamos hablando de una artista alemana. Cecilia Pillado (1966) es mendocina de pura cepa y desde hace años no sólo despliega su talento por el Viejo Continente, sino que se encarga (sobre todo en su faceta musical) de difundir la música argentina y no sólo el repertorio clásico propio de los grandes teatros de Europa.

Egresada de la UNCuyo como licenciada en piano y formada como actriz en el Instituto Goethe, Cecilia Pillado no desatendió ninguna de sus pasiones: ni la música ni la actuación.

Así, mientras se presentaba como concertista ante los más diversos auditorios, también despuntaba el vicio de actriz, sobre todo, junto con colegas latinos en el ambiente del teatro independiente de Berlín, donde vive.

Pero el cine también supo de ella y llegó a participar en un filme de Roman Polanski: El escritor oculto. Si bien filmó una escena que terminó quedando fuera del montaje, igual se la puede ver en uno de los momentos de esta premiada cinta.

De toda esa actividad, de sus duros momentos personales y también de su nostalgia por Mendoza nos habla Cecilia Pillado en esta charla.

–Puede que muchos te conozcan más en tu faceta de pianista, y que sorprenda tu presente como actriz. ¿Cuál es tu participación en el filme Der Gründer?–En Der Gründer (se puede traducir como El buscavidas) estoy de actriz, en el rol de una mujer medio psicópata, llamada Simonetta Paternostro. Ya desde chiquita me encantaba recitar (¡con un año ya decía un versito!) y hacía los roles principales en las fiestas del colegio. En mi adolescencia estuve en el grupo del Goethe Institut que dirigía Gladys Ravalle. En paralelo a mis estudios de piano en Alemania siempre hacía teatro independiente con latinos, fuera de algunos filmes a finales de los ‘80.

–¿Y seguiste haciendo cine?–En 1997 tuve un pequeño rol en la película Sin querer, del argentino Ciro Cappellari, y eso me motivó para irme a Los Ángeles y hacer en Hollywood cursos de actuación en cine y televisión, hasta el año 2000. Mi carrera de pianista ya era sobresaliente, por lo cual me otorgaron una tarjeta verde como “Artista de aptitudes extraordinarias,” que me servía para trabajar allí. Y tenía las intenciones de quedarme a vivir ahí pero ya en el 2000 empecé con roles en telenovelas alemanas y apareció un gran amor... y me cambió los planes. Puedo afirmar que las cosas que planeé en la vida tomaron el rumbo que el destino, más fuerte, les daba.

Enfrentar el cáncer–Tuviste que afrontar una enfermedad...

–Si miro para atrás, mis últimos 10 años son nueve, porque todo 2011 estuve gravemente enferma. Lo mismo que José Carreras: leucemia. Él tiene una fundación aquí en Alemania para eso. Pero me salvó la medicina y el destino, o Dios si querés decirlo así. Y no quiero ocultar este tema ya que mi madre murió de cáncer, por lo cual es extremadamente importante tener programas de salud de prevención y tratamientos. Sé por un conocido que trabaja en Ginebra en la Organización Mundial de la Salud que está desarrollando un programa sobre esto para Argentina. ¡Qué bueno!

Su experiencia con Polanski–¿Llegaste actuar para Roman Polanski?

–Tuve una pequeña participación en El escritor oculto, uno de sus filmes. Mi escena con Ewan McGregor no se editó, aunque se me ve en el filme. El trabajo con él me fascinó por lo detallista que es y el buen trato que me dio. Otra experiencia linda es haber estado en Cloud Atlas, de Tom Tykwer (Corre, Lola, corre) y los hermanos Wachowski (Matrix) haciendo de coach para las escenas en español. La frase de Halle Berry en castellano es mi trabajo con ella. Como las de Doona Bae también. Lo último fueron trabajos en muy conocidas telenovelas y en otro filme. Y Der Gründer, que tuvo su premier en una fecha apropiada: el 21/12/12, en el cine Babylon de Berlín.

El piano no se abandona–A pesar de tanta actividad como actriz, nunca abandonaste el piano. Este año ofreciste un homenaje a Carlos Guastavino...

–Sí, fue una cosa muy personal ya que a él lo conocí. Yo (y otros) lo llamamos “el Schubert de las Pampas”. Hicimos un concierto con música de cámara y para piano, y yo toqué sus temas para piano. Para los temas de cámara participaron en la flauta el solista de la Orquesta de la Deutsche Oper, Eric Kirchhoff; en clarinete, el solista de la Orquesta de la Staatsoper, la de Barenboim, Unolf Waentig, entre otros. Piazzolla es muy conocido en Europa, pero Guastavino lo conocen mucho menos, por eso el homenaje.

–Sos mendocina y te formaste en Mendoza. ¿Qué extrañás de tu tierra y cuándo tendremos oportunidad de ver una presentación tuya aquí?–¡Siempre extraño Mendoza! Tengo constantemente las imágenes en mi mente: el sol, ese cielo celeste sin nubes, la cordillera, la casa de mi familia, la Peatonal. Es como en la letra de Francisco Silva de Pueblito mi pueblo: “cuánta nostalgia ceñida tengo en el alma esta tarde”. ¡Me encantaría volver a tocar! Con las orquestas o sola o con músicos. No por mí, sino para dejar algo en mi tierra.

Su experiencia con los grandes de la música–Se ha comparado tu estilo interpretativo con el de Martha Argerich y la Argentina tiene en ella (y en Daniel Barenboim, Bruno Gelber y otros) grandes representantes del arte pianístico que el mundo admira. ¿Cómo ves esa comparación y cuál creés que es el actual presente de los pianistas argentinos?

–Sí, se me ha comparado con Martha Argerich. Para mí, un honor. Para ella, un poco intranquilizante, siempre lo percibí. La conozco hace mucho, pero hace tres semanas estuvimos cenando juntas después de mucho tiempo de no vernos, por mi enfermedad también, es como que ahora está todo en orden. Se habla de un proyecto juntas. Su generación, como la de Barenboim, es de otro tiempo, cuando se hacían esos carrerones. Pianistas nuevos argentinos internacionalmente mucho no se ven. El mercado cambió mucho.

–Has conocido y estudiado junto a grandes personalidades de la música, entre ellos Sergiu Celibidache, Claudio Abbado, y el mismo Barenboim. ¿Cuál fue de estas la personalidad que más te soprendió?–Todas esas personalidades me impactaron. Celi, Celibidache, la más avasallante, era fascinante, parecía un emperador sentado en su sillón. Me desconcertaba continuamente. Claudio (Abbado), lo contrario, era callado, decía poco en los ensayos, pero cuando hablaba de la música de Mahler, se le iluminaba el rostro. Y Danielín (Baremboim, así lo llama su manager de España), con el otro apodo de El imparable, bien puesto, porque siempre está en actividad y tiene la capacidad para llevar a cabo todo lo que se propone.

Su historiaCecilia Pillado es pianista y actriz mendocina de origen italiano.

Es egresada de la UNCuyo como licenciada en piano y a su vez se formó como actriz en el Instituto Goethe que dirigía Gladys Ravalle.

Lleva varios años viviendo en Berlín, Alemania.

En cine ha trabajado para Roman Polanski y en la música se ha comparado su excelencia pianística con la de Martha Argerich.

El año pasado, durante 2011, padeció leucemia.  

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