Literatura

Nada es para Siempre de Mónica Müller: lo duro que son las despedidas

El decir adiós a un ser amado es uno de los momentos más duros en la vida. En Nada es para Siempre, Mónica Müller, hace de esto tres hermosos cuentos

"Obligar a alguien a ser libre contradice el principio mismo de la libertad", dice Mónica Müller en uno de los cuentos de Nada es para siempre. Y tiene razón.

La vida es una toma de decisiones, una tras otras. Pero hay una que suele costarnos y que cada tanto nos hace dudar de si hicimos bien o no: la de despedirse de alguien que amamos.

Mónica Müller lo aborda de distintas maneras, en diferentes situaciones: el de una mujer que salva a un pájaro y decide liberarlo, el de una persona que se plantea lo que ocurrió con un viejo amor tras cruzárselo en la calle y comenzar a tener dolores físicos y el de una mujer que se encuentra con que su matrimonio no era lo que ella pensaba.

¿Por qué estos tres cuentos que componen Nada es para Siempre?

El del pájaro lo escribí hace tres años, el segundo hace dos y el último ahora. Tienen el común el adiós, un duelo sin abrazos, como son ahora desde el Covid y que es algo que va contra nuestra cultura.

Y es que, a veces, las despedidas, el decirle adiós a un ser que uno ama es uno de los momentos más difíciles de la vida y es algo que rara vez se olvida. La escritora lo retrata muy bien en Nada es para Siempre. Lo hace con una gracia inigualable.

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La portada del libro Nada es para Siempre

La portada del libro Nada es para Siempre

Nada es para Siempre

Para Monica Müller, la pandemia la encontró en su rol de médica. Especialista en medicina clínica y homeopatía, agradeció el aislamiento para disfrutar de su soledad y de tener tiempo para escribir. Al mismo tiempo, ella siguió atendiendo a sus pacientes a la distancia y agradeció que, si bien algunos enfermaron, todos siguen con ella.

Fue en ese tiempo libre que Nada es para Siempre dejó de ser algo en su computadora y se convirtió en un libro con cuentos que hablan de despedidas y de lo difícil que es llevarlas adelante. Incluso para ella misma, sus escritos sirvieron para su vida personal.

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"Escribir es una manera de soltar", explica Müller. Quizás, uno de los cuentos, el primero es una historia que le pasó a ella misma. Y los otros, tienen ese nexo de despedida que hace que siempre alguno se sienta identificado con algunos de los personajes.

Y es que la escritora también tiene su propia historia dividida en la Müller escritora y la Müller médica y que a veces se juntan ambas para algunas obras literarias como Pandemia y Sana, Sana... y otras veces, la amante de las novelas se apodera del teclado y es allí, donde aparecen sus influencias.

"Todos los escritores tenemos influencias. Por ahí no te das cuenta. Uno ve esa belleza y seguro que queda dentro de uno y reaparece", explica.

Pero hay una tercera y cuarta Mónica Müller, la que es madre de tres hijos y abuela de cuatro nietos. Ella misma se encarga de reconocer que el tiempo que les dedica a ellos y a su trabajo de medica le quita tiempo de escritura, pero que suele agradecer ese hecho.

"Tengo una novela desde hace diez años pero me resisto porque cuando escribo, en ese momento me molesta todo y solo quiero escribir doce horas. Ojalá en algún momento me agarre", señala, sin adelantar de qué trata pero con la esperanza de terminarla.

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