¿Qué es el miedo? ¿El miedo es ese sentimiento que determina las decisiones todo ser vivo? ¿Qué es la libertad? ¿Somos libres realmente o con el tiempo fuimos perdiéndola? Betina González no es la responsable de responder estas preguntas pero sí de clavarnos esas dudas a través de su obra literaria Olimpia.

Olimpia es la historia de un científico de los años 30 y de su esposa. Es la historia de un cazador y de dos mucamas. Pero también es una historia de miedos, venganza, experimentos y de la libertad en varios de sus aspectos.

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Con varios premios en su haber, la escritora cuenta de su rutina para escribir, lo mucho que le cuesta salir de su lugar cómodo de soledad y sobre todo, la historia de Olimpia, una gran obra y el último, hasta ahora, de sus libros.

¿Cómo nace la historia de Olimpia?

La novela es sobre ciencias, un experimento de criar un animal como si fuese un ser humano. Existió un científico en los años 30 en Estados Unidos que lo hizo y ese fue el disparador para mí. Las historias de ciencia siempre me han parecido muy interesantes, hay mucha narración, hay muchas cosas en común con como pensamos las escritoras. La ciencia siempre se acerca a la realidad con mucha curiosidad pero también con ganas de experimentar. Un amigo científico me contó esta historia. Comencé por ahí, por ese camino. En los años 30 porque ese tipo de ciencia se hacía en esos años, una ciencia conductista, que se preguntaba si un niño nacía con el componente de desarrollar el lenguaje o si era cultural. Decidí que fuera en los años 30 y traerlo a Argentina porque era una década interesante, con cosas para narrar. Es una década muy rica, con literatura muy interesante, y las historias se fueron sumando, con el contexto argentino, aparecen las matanzas que todavía se estaban dando, aparece el anarquismo, la idea civilización y barbarie que todavía sigue presente y las cosas que a mí me interesaban como escritora.

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En la novela hacés mucha referencia al miedo como sentimiento o bisagra en cada uno de los personajes

Ese tema es el sustrato de la novela. El científico usa el miedo como modo de aprendizaje y hoy la ciencia lo sigue usando. Cuando algo te asuste, la memoria lo graba con más fuerza que un refuerzo positivo. Me pareció terrible cuando me enteré que recordemos con más fuerza lo doloroso, lo que nos hace daño que lo feliz. Me gusta de alguna manera matizar la ciencia con el arte y la filosofía como discurso que necesitamos para estar vivos. Me gustó empezar por el lado más mecánico del miedo, que es el lado del científico. La novela trabaja con varios temas, hace un montaje de escena, uno las va a armando en su cabeza. La novelle te permite dejar mucho en entredicho y que se arme una verticalidad con los temas. El miedo atraviesa a todos los personajes y algunos van cambiando. Eso me gustaba.

En la novela Olimpia, Betina González no solamente habla de un experimento científico. Como ella misma lo cuenta, también hace mención a hechos de la historia argentina, como las matanzas a grupos originarios pero también el castigo a los movimientos obreros de los años 20 y 30 y su relación con el anarquismo. Esto se deja ver en los rostros de dos de sus personajes: un cazador y una sirvienta.

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"El personaje de Juan Averá es un personaje que quedó en el medio entre dos culturas, pierde a su pueblo, a su abuela, quedó en manos de los militares. Eso me obsesiona mucho. Así como en la novela se habla de los niños ferales, que quedan en el medio entre la naturaleza y la cultura y estos animales que son adoptados por humanos, también quedan en el medio, me interesan los personajes que quedan entre dos culturas, entre dos mundos y eso pasa con Averá.

En la novela ha personajes que parecen ser más libres y que tienen gran poder de influencia sobre otros.

Sí, por ejemplo, Lucrecia acepta su animalidad como mujer, su disfrute de los sentimientos. Son seres que quedan en el medio, entre una identidad y otra. Otros quedan en un lugar ambiguo y se liberan del ser que eran antes. Son los personajes que van generando cambios.

Recién me acentuaste mucho la palabra "escritoras", uno de los personajes se asusta cuando ve a Lucrecia en una escena de la novela, como si el miedo fuese por su liberación como mujer...

Sí, como que de alguna manera se siente expulsado de ese mundo por el vínculo de ella con Olimpia. Me gusta la vuelta que hace y la recuperación de Ulrich sobre su paternidad. Hay algo ahí, cuando una escribe no es que lo esté pensando pero la figura tan fuerte de él, de alguna manera necesita el balance de otro modo de ser y de estar en el mundo que tiene la mujer.

¿Sacándote de la novela, tenés alguna rutina o manía a la hora de escribir?

En una época la tenía y era bastante neurótica. Sí mantengo que si estoy escribiendo un libro, escribo todos los días pero eso hay que matizarlo. Hay días que escribo mucho, otros una sola línea, o releo o leo algo que tenga relación con ese libro. No me autoexploto, no me obligo porque para mí siempre hubo mucho de disfrute y de juego en la escritura y no quiero perder eso. Está la disciplina pero también ese balance. Entre controlar la escritura y ser libre. Con el tiempo me fui sacando las fobias, antes no aceptaba interrupciones ni ningún ruidito. Hace un tiempo adopté una cachorrita y ahí hubo otras demandas, tuve que salir del yo y estuvo bueno y pude escribir igual. Antes casi escribía a oscuras, para mi de chica era algo que hacia a escondidas porque sentía que no lo podía hacer por ser mujer y por llamarme González, era como sentirme afuera de la institución literaria, es como que fui generando esa penumbra. Menos mal que lo corte porque me iba a quedar ciega (risas).

¿Después de tantos libros y premios, ya te acostumbraste a las entrevistas?

No, hay dos cosas que me incomodan, la posición del saber en que uno se debe poner. Nunca me gustó ser el centro de atención de nada, creo que es algo de los escritores, somos personas tímidas, me gusta estar sola y necesito de esa soledad. Salir de eso a exponerse y tener un personaje publico me costó mucho.

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