A los 30 años, y con su dueño muerto de una sobredosis de drogas, Bubbles vive tranquilamente en Florida, olvidado por la familia Jackson y apenas reconocido por los fans, mientras escucha música de Michael Jackson en un refugio sin saber que su amo murió.
El chimpancé es como cualquier otra estrella que se desvanece. Vive en un asilo viendo la televisión y comiendo sus bocadillos favoritos.
Bubbles viajó en primera clase por en todo el mundo sin ningún problema e incluso participó en la gira de Jacko en 1987 a Japón, sus travesuras fuera del escenario eran legendarias, disfrutó de una existencia deslumbrante en medio de conciertos y firmas de autógrafos.
Eso fue en tiempos más felices pero una década después, con su dueño muerto de una sobredosis de drogas, Bubbles vive en el Centro de los Grandes Simios en Wauchula, donde se ha mencionado que los hijos del cantante no han ido a verlo desde su traslado en 2005, después del nacimiento del hijo de Jackson, Prince Michael Jr; por ser considerado demasiado peligroso para estar alrededor de niños. Un portavoz dijo que La Toya hizo una visita en 2010, pero esa es la única que hemos tenido de un miembro de la familia Jackson.
El patrimonio de Jacko se ha incrementado en más de 450 millones de dólares desde su muerte en 2009 y Bubbles todavía es propiedad de la familia, pero no es la única mascota olvidada ya que elefantes, jirafas y tigres fueron trasladados a diferentes sitos después que Neverland de California se encontró con dificultades financieras.
El Rey del Pop originalmente rescató a Bubbles de dos años de edad de un laboratorio médico de Texas, fue adoptado por un entrenador de animales antes de que Michael lo adoptara oficialmente en 1983.
Para alguien que se preocupaba apasionadamente por los animales, la mayoría han sido olvidados por la familia después de la muerte de Michael, es una situación muy triste", dijo una fuente.
Bubbles dormía en una cuna junto a la cama del cantante, vestían trajes idénticos a los de Michael e incluso comía en la mesa familiar, ahora vive en el santuario donde es cuidado mientras pasa sus días comiendo patatas dulces, ve la televisión y escucha música.
Una fuente mencionó: "Es un mundo lejos de la vida que había conocido, pero Bubbles parece aún más feliz por ello, sin embargo es triste que nadie venga a visitarlo”. El portavoz del santuario, que atiende a 44 chimpancés y orangutanes, añadió: "Hasta la fecha, el dinero del cuidado de los chimpancés ha venido de donaciones públicas."
