Por Oscar Trapétrape.oscar@diariouno.net.ar
Recital: la poderosa banda mexicana vuelve para presentarse el fin de semana próximo en el auditorio Ángel Bustelo. Antes, el baterista del cuarteto ofreció una entrevista. Galería de fotos y video.
Molotov: empapados de power

A mediados de los ’90 irrumpieron en el paisaje grande del rock latino transgrediendo la escena –tanto desde lo lírico como de lo sonoro– con Puto o Gimme tha Power, canciones fuertes y tocadas con dos bajos súper distorsionados. Con esas armas, Molotov, cuarteto formado en México, explotaba como un cóctel rockero, rapero y desafiante.
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Pero inevitablemente el paso del tiempo dejó sus huellas en el combo azteca. Aunque Molotov publicó un exitoso disco ¿Dónde jugarán las niñas? (con la producción del argentino Gustavo Santaolalla), luego decidieron no estancarse y se lanzaron a la experimentación y el desafío con los discos posteriores. En esa línea, Agua maldita, la octava producción discográfica, vuelve a mostrar al grupo punzante e ingenioso a la hora de tocar temáticas que afectan de lleno a la sociedad mexicana.
Justamente con este trabajo los cuatro “bravos muchachos” regresan a Mendoza para hacer brincar y gritar a sus fanáticos el domingo próximo, en el auditorio Bustelo.
“Ahorita estoy entrando a una carretera, porque voy yendo a una ciudad a las afueras del Distrito Federal. Igual podemos entrarle a la charla”, nos avisa con su español chingón Randy Ebright, el baterista de Molotov, nacido en Estados Unidos.
–¿Por qué eligieron el título Agua Maldita para este nuevo álbum?–Porque es la manera que encontramos de hacer referencia a la violencia que se está viviendo en México. A su vez el Agua Maldita sería la de la Iglesia, esta institución que está manipulando todo y lo hace por varios sectores. Esto ya no sólo pasa en tierra mexicana, sino en muchas partes del mundo. Igual cuando juntamos los diez temas que integran al disco nos dimos cuenta de que ese título describía muy bien a la obra.
–En el tema Lagunas metales hacen referencia a muchas bandas del rock argentino. ¿Es un homenaje?–No sé si es un homenaje. Creo que más bien hace referencia a estas giras locas que realizamos todo el tiempo, donde de tanto girar y tanto compartir, nos hacemos amigos de estas bandas a las que hacemos referencia. Entonces allí jugamos con esto de las “lagunas mentales” que se nos hacen en las borracheras tras las cuales ya no se sabe quién es quién en los camarines. Es como un homenaje más bien autocrítico. Nos burlamos de nosotros mismos (risas).–¿Experimentan muchas “lagunas mentales” en las giras?–Pues sí (risas). Ahora que vamos por la gira de Sudamérica seguro que nos pasa, porque los conciertos son bien seguidos. Por ejemplo en Estados Unidos tocamos, dormimos en el camión de gira y luego al otro día nos levantamos para tocar nuevamente. Es una forma particular de vivir, es una forma nómade la que tenemos de movernos. Pero al fin es lo que hemos elegido y lo hacemos con todo el amor. Igual es una lucha para ver dónde te bañas, dónde comes y todo eso. Pero no me queda otra que compartirlo todo con los otros tres personajes (risas).
–¿Pensaron en parar alguna vez? –Ya no salimos tanto de gira como lo hacíamos al comienzo. Ahora es como que nos tomamos más descansitos. Antes descansábamos dos meses al año y el resto girábamos. Ahora no pasamos del mes y medio de gira. Ya estamos grandes y todos tenemos familias.
–¿Por qué se hicieron tan queridos en la Argentina?–La verdad es que no lo sé, pero sí puedo asegurar que es un lugar en el que nos hacen sentir como en casa. Ni hablar del público, ellos siempre nos están tratando de maravillas. Pues nosotros estuvimos siete años sin poder sacar un disco por problemas con el sello. O sea que en todo ese tiempo no teníamos un material nuevo y los argentinos igual nos querían ver. Eso es fabuloso y nunca nos olvidamos de ese gesto. De hecho ahora trabajamos con los raperos Run D.M.C., a quienes conocimos justamente en Buenos Aires. Ir a la Argentina para nosotros es encontrarnos con amigos, borracheras, asados y muchas risas (se ríe a carcajadas).
–¿Qué los motivó grabar su primer disco en vivo en Rusia?–Nosotros habíamos ido a este país en 1999 y estuvo buena la experiencia. Pero decidimos volver hace un par de años y hacer unos conciertos bien grandes, donde nos viera una mayor cantidad de gente. Pues estas presentaciones resultaron grandiosas y fue así que grabamos el vivo Desde Rusia con amor. La interacción fue muy rara, porque ellos ni siquiera hablan inglés, pero igual se volvían locos con nuestras canciones. Eso quiere decir que la locura de nuestras canciones no tiene un lengua exacta.
–¿Cómo se vive en la frontera que divide México de Estados Unidos?–Es un territorio muy difícil. Hay un dicho que dice: “México está tan cerca pero tan lejos de los Estados Unidos”. Igual el público de ese lugar es uno de los más fieles y seguidores que tenemos. Ciudad de Juárez, Chihuahua y Sonora son sitios donde se sienten identificados con nuestra música y lo que decimos en nuestras canciones. Bueno por ese lugar pasan todos los inmigrantes mexicanos y de otros países de Latinoamérica. Justamente ahora todo está bien violento, pero no sólo en esta zona, sino en todo el país mexicano. Todos hablan de los hechos de violencia que han ocurrido, pero no se llega al fondo de la cuestión de lo que se vive.
El Gringo Loco que se apoderó de las baquetasRandy Ebright nació en Michigan, Estados Unidos. Pero con tan sólo 15 años se mudó a México con toda su familia. Allí comenzó a tocar la batería en la banda de un bar del Distrito Federal. Justamente los otros tres integrantes de Molotov estaban buscando un baterista y al ver al joven de origen estadounidense no dudaron en invitarlo a zapar unas horas.
“Bastó sólo un momento para que me dijeran que me querían tener en la banda y así arrancó todo. Ahora ya llevamos más de 20 años juntos compartiendo todo el tiempo cuestiones de la música. También me dieron la libertad para rapear un poco y luego terminé haciendo bastante. No me resulta para nada extraño tocar la batería y cantar. Es más, me gusta y también a nosotros como banda nos hace muy bien rotar con los instrumentos”, comenta Randy.
►Proyecto paralelo. Royal Bloodline es el proyecto que mantiene Randy. Allí, aparte de tocar la batería canta y toca otros instrumentos, y muestra un costado más stoner.►Colaboraciones. El baterista ya grabó con varias bandas conocidas, como: Control Machete, Kinky y los Illya Kuryaki And The Valderramas.