MAR DEL PLATA- Debieron pasar 21 años para que la película Kindergarten, del cineasta argentinoJorge Polaco, pudiera ser exhibida libremente. La cinta, censurada por las protestas que surgieron
Sentado en una de las butacas del cine Ambassador, de la ciudad costera, y con visibleemoción, el realizador de Siempre es difícil volver a casa se congratuló de que a pesar de "tener que haber vividocon esta censura durante tanto tiempo, ya esa tortura terminó". Ciertamente la censura que recibió Kindergarten en 1989, por las presiones provenientes dedistintos sectores conservadores, convirtió a ésta en una verdadera obra maldita, aunque hoyresulte menos escandalosa, pero no menos incómoda su visión. La película es un verdadero cóctel surrealista con el que Polaco intenta retratar la tortuosarelación entre una mujer (Graciela Borges), su amante (Arturo Puig), el hijo de éste (Juan CruzBordeu), sus padres y su hermano, todos presos del desquicio y encerrados en una casa que parece unmuseo o un circo. Las excusas para la censura pueden encontrarse, acaso, en algunas escenas en las que sesugiere una relación pedofílica, ya que el resto de los tramos en que Polaco muestra algunasrelaciones sexuales serían hoy vistas sin escándalo. "El que estuvo prohibido fue Jorge Polaco", dijo el director, quien no dudó en asegurar que los años que pasaron tras el intento por estrenar esta película "fueron, créanme, un verdaderosuplicio". La cinta fue en su momento financiada con recursos del Instituto de Cine, lo que motivólas protestas de ciertas organizaciones (específicamente, una Comisión para la Cultura Argentina),que públicamente rechazaron la película y pidieron su prohibición con palabras que rescató elpropio Polaco: "Estamos hartos -decía la declaración publicada en 1989- de que el Instituto de Cinefinancie películas de degenerados, lesbianos e invertidos". "Es una película que oscila entre el cine de autor y no sé qué otro cine, porque es difícil ponerle una etiqueta", reflexionó el cineasta sobre su propio filme. "Kindergarten no está hechapara gustar o para no gustar, no tiene esos parámetros. Es una película para ver dos o tres veces,pero no para entenderla", estimó finalmente. Lo que hoy puede decirse en cuanto a los méritos estéticos de Kindergarten es que estálastrada de gravedad y lo que podríamos llamar "culto al diván". Polaco recarga la cinta con unasucesión de secuencias de absurdo onírico, en las que no escatima desnudos, frases ampulosas,escenas de sexo, maltratos y desprecio, pero con un afán más que todo acumulativo, antes quenarrativo o siquiera ensayístico. Siempre se ha dicho que Polaco es un director de "trazo grueso", y Kindergarten es buenaexpresión de ello, dado que no sólo hay actuaciones divagantes (un poco por obra de los actores,otro por culpa del guión), sino también una evidente incapacidad por expresar ideas si no es por elrecurso a cierta manera de entender la obscenidad. Para colmo, el realizador hace uso en ocasionesde la voz en off, y para los textos recurre insólitamente a Instantes, texto recitado por GracielaBorges y que es erróneamente atribuido a otro Borges, Jorge Luis, aunque la catarata de cursileríasque ofrece verso a verso es la mejor prueba de que no corresponde al autor de Ficciones. Como fuere, el estreno en Mar del Plata de Kindergarten pone punto final a un capítuloabsurdo de la censura argentina en tiempos de democracia, que aún tiene sin embargo cuentaspendientes, como el estreno oficial de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, y Yo tesaludo, María, de Jean-Luc Godard. Ficha Kindergarten Dirección y guión: Jorge Polaco. Con: Graciela Borges, Arturo Puig, Luisa Vehil, AlejandroUrdapilleta.
Embed
Las excusas para la censura pueden encontrarse, acaso, en algunas escenas en las que se sugiere una relación pedofílica
Embed
Las excusas para la censura pueden encontrarse, acaso, en algunas escenas en las que se sugiere una relación pedofílica
Embed
El afiche de la censurada Kindergarten
Embed
El director de la obra, Jorge Polaco