Diario Uno Espectáculos Mendoza

La Traviata: un éxito de cuatro funciones para no olvidar

Por UNO

Por Cristina Alfonso

Fotos: Gentileza Prensa Secretaría de Cultura de Mendoza.

La Traviata de Giuseppe Verdi, con sus cuatro funciones y entradas agotadas, significó una vuelta luminosa y auspiciosa del género ópera en Mendoza. Con la organización de la Secretaría de Cultura y el Teatro Independencia, todo el elenco bajo la batuta de Gustavo Fontana revivió el drama basado en "La dama de las camelias" de Dumas, con una sugestiva y acertada puesta de Willy Landin.

Primero, antes de entrar en tema, hay que señalar que no han transcurrido siete años desde la última representación de una Ópera en Mendoza, tal como se ha difundido en los medios.

En mayo de 2012 se vio con éxito Aurora (ver nota) y en junio de 2014, Dido y Eneas (ver nota), labor conjunta de Violetta Club y el Teatro Independencia.

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Si bien han transcurrido unos pocos años desde la última representación operística, esto es tan sólo un dato parcial que pertenece a un espacio acotado de tiempo y no, por esto, deberían perder peso las producciones realizadas a lo largo de la vida artística de nuestra provincia.

¿Por qué poner el acento sólo en los baches o en lo que todavía Mendoza no ha logrado? ¿Por qué obnubilarse con el logro de los otros en desmedro de lo nuestro? Habría que sopesar entre todo lo hecho y lo que nos falta, sin compararnos.

Por eso, y siempre conscientes de lo que nos falta, justipreciemos mejor lo que tenemos y lo que vamos logrando.

La Traviata, con sus cuatro funciones y entradas agotadas, significó una vuelta luminosa y auspiciosa del género ópera en Mendoza; cantada en italiano y supratitulada en español.

El estreno fue el jueves 15 de junio en nuestro querido Teatro Independencia, con la presencia del Sr. Gobernador de la Provincia de Mendoza, Lic. Alfredo Cornejo, del Secretario de Cultura, Sr. Diego Gareca, y del Director del Teatro Independencia, Sr. Darío Anís.

La obra

La composición romántica de Giuseppe Verdi (1813-1901) dividida en tres actos y el segundo en dos escenas se estrenó en el Teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. El libreto en italiano es de Francesco Maria Piave (1810-1876) y está inspirada en una adaptación teatral de "La dama de las camelias" (1852), del novelista y dramaturgo francés Alexandre Dumas (1802-1870).

Cabe destacar que Verdi, el más notable compositor de ópera italiana del siglo XIX, fue puente entre el "bel canto" de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo. Justamente, Piave y Verdi quisieron darle una ambientación contemporánea siguiendo a Dumas, deseo que no fue cumplido sino unos 30 años después del estreno.

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La puesta

Willy Landin (director de escena, escenógrafo, vestuarista e iluminador) acercó una excelente mirada que media entre lo moderno-contemporáneo, entendiéndose esto como un neoclasicismo situado a mediados del siglo XX, que no se olvida de las huellas del pasado e incorpora con medida y buen gusto avances estéticos cargados de simbolismo. El vestuario se basó en trajes elegantes y vestidos largos a la usanza francesa de la época.

La obra llegó primero por lo visual. El público se sintió cómodo y cautivado desde el momento en que se abrió el telón, dando paso a esta luminosa puesta con aires frescos de los años '50.

Muy bien pensada la puesta simbólica de Willy Landin. Los objetos "deformados" eran los personales de Violetta, según Landin, porque están vistos a través de la mirada de la sociedad de su tiempo, especialmente la de los hombres, que nunca la vieron como una mujer verdadera y sensible, sino como un objeto.

El mobiliario afrancesado adquirió carácter especial dada la sobredimensión y la blancura que se eleva como esperanza y contrasta con lo oscuro y trágico del drama. En la primera escena dispuesta en dos planos, se impuso una lámpara de pie en la parte casi central, una enorme cómoda con un imponente espejo que portaba un collar de perlas y un cajón por donde transitaban las esperanzas y los pesares, el amor y la imposibilidad de consumarlo, la soledad, la muerte y la incomprensión. Todos estos objetos y accesorios y, por supuesto, una bella camellia, fueron el foco principal de atención escenográfica y jugaron un rol protagónico junto a los personajes principales.

Los elencos

La Orquesta Filarmónica de Mendoza estuvo bajo la dirección de Gustavo Fontana. En general hubo buen manejo de los planos sonoros y buen ensamble de las partes, tarea nada sencilla cuando se trata de acompañar a cantantes.

Sorprendió muy gratamente el Ballet Mayor de la Ciudad de Mendoza dirigido por Franco Agüero, tanto por el aspecto técnico del elenco como por el diseño coreográfico -sugerido por Landin- rayano por momentos con la opereta y el music hall británicos y que contribuyeron con ese submundo del juego, la diversión, la bebida y la lujuria. Hubo danza alla española, pasos con reminiscencias del twist (baile basado en el rock and roll, y aquí estamos propiamente a mediados del siglo XX) y del famoso cancan parisién del conocido music hall de mediados del 1800 (hoy en día cabaret) que juntos cristalizaron bien la imagen de esa sociedad francesa, frívola y lujuriosa.

El Coro de la Ciudad de Mendoza dirigido por Ricardo Portillo fue otro de los aciertos. Intervinieron precisos, con gracia y muy buenas voces.

Los solistas

Como sabemos, el argumento gira en torno a la vida de Violetta, una mujer cortesana rodeada de muchos caballeros, enamorada de Alfredo, condenada por los prejuicios sociales y por el padre de su enamorado quien le exige sacrificios. Graciela Armendáriz (Violetta), conocedora de su papel, se desenvolvió con soltura. Si precisara, aún más, la dicción de su voz cantada, realzaría la belleza de su línea de canto y la acción dramática que ya posee.

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En cambio, al tenor Ricardo Mirabelli (Alfredo) se lo escuchó con absoluta transparencia, proyectando su voz con fluidez a cada rincón de la sala.

El papel de Giorgio Germont, el padre de Alfredo, estuvo a cargo del barítono Pablo Rossi Rodino. Su desempeño fue perfecto, conjugando muy buena presencia, voz e interpretación.

El resto de los solistas se mostró solvente: Mariana Rodríguez Rial (Soprano convincente en el papel de Flora Bervoix, amiga de Violetta), Jimena Semiz (Soprano: Annina, criada de Violetta), Mariano Leotta (Tenor: Gastone, Vizconde de Letorieres), Rubén Norberto Caparotta (Barítono: Barón Douphol), Ignacio Ojeda (Bajo: Marqués d' Obigny), Marcelo Hernández (Bajo: sirviente), Rodrigo Olmedo (Tenor: Giuseppe, sirviente de Violetta) y Mariano Orozco (Bajo: Dr.Grenvil), todos artistas de muy buena formación y trayectoria. Fue una noche lograda y reconfortante.

A tener en cuenta:

-En el Paraíso, allá en lo más alto del Teatro, la parrilla de luces tapaba el supratitulado. Una pena. -La hora de inicio. Circuló información que la ópera estaba programada a las 20.30 y en la folletería a las 21. En definitiva, comenzó a las 21.30.

FICHA TÉCNICA:

Ópera La Traviata de Giuseppe Verdi

Lugar: Teatro Independencia

Días: 15, 16, 18 y 20 de junio, 21 h.

Orquesta Filarmónica de Mendoza, Director Gustavo Fontana

Coro de la Municipalidad de Mendoza, Director Ricardo Portillo

Ballet Mayor de la Ciudad de Mendoza, Director Franco Agüero

Solistas principales:

Soprano: María Graciela Armendáriz (Violetta)

Tenor: Ricardo Mirabelli (Alfredo Germont)

Barítono: Pablo Rossi Rodino (Giorgio Germont, padre de Alfredo)

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Gentileza Prensa Gobierno de Mendoza
Gentileza Prensa Gobierno de Mendoza
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