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martes 17 de junio de 2014

Ópera Dido y Eneas, o cómo leer el barroco en el siglo XXI

El Teatro Independencia y el conjunto de Cámara Violetta Club presentaron durante tres noches la segunda versión de Dido y Eneas: innovadora, con una puesta impecable e inteligente. Galería de fotos.

Por Cristina Alfonso
Especial para UNO

El Teatro Independencia y el conjunto de Cámara Violetta Club presentaron durante tres noches la segunda versión de “Dido y Eneas”, o cómo leer el barroco en el siglo XXI: innovadora, con una puesta impecable e inteligente.

Vivimos en plena era de la posmodernidad. Así es como hoy en día y a nivel mundial, algunos dicen que hay que modernizar la ópera. Ahora bien, en qué consiste esa modernización?

Básicamente, modernizar una ópera consiste en deconstruirla cambiando la época y el lugar o, en otras palabras, en descontextualizarla en pos de las creativas ocurrencias del director de escena que ofrece una reinterpretación “actual” de las intenciones del autor. De hecho, todo esto ocurrió aquí, en “Dido y Eneas”.

Recordemos que la primera versión, representada en la Nave Cultural en septiembre del 2011 tuvo el mismo ensamble artístico y constituyó todo un desafío con final feliz.

Desde aquel momento hasta la fecha se han llevado a cabo nueve representaciones con un elenco compuesto de 40 artistas entre músicos, bailarines, escenógrafos y vestuaristas.

Nuevamente, con la dirección musical de Gabriela Guembe y la puesta en escena de Federico Ortega Olivera, los protagonistas fueron todos. El galpón grande de la Nave Cultural y su escenario multidireccional subrayó la estética posindustrial con cierta informalidad. En cambio, la maquinaria propia del Teatro Independencia, como era de esperar, impuso algunos cambios en cuanto a la puesta, tornándose ésta menos íntima; al acentuarse la distancia con el público y la mirada unidireccional, se desdibujaron los detalles y disminuyó un poco el pintoresquismo. Pero ganó en sobrecogimiento y en compenetración.

La Ópera Dido y Eneas de Henry Purcell (1659 - 1695), estrenada en 1689 e inspirada en el libro IV de la Eneida, de Virgilio, cuenta el desdichado amor entre el héroe que huye de Troya y la reina cartaginense.

El principio del diálogo estuvo dado por dos enfoques distantes en el tiempo que confluyeron en un mismo objetivo: mientras que lo musical se remontaba al purismo barroco, lo visual evocaba y reconstruía tendencias contemporáneas utilizando piezas, accesorios y vestimenta con cierto toque retrofuturista (músicos con overoles naranjas, bailarines con moda de los 80...), encontrando en la añoranza del pasado, la visión actual de aquel futuro del ayer.

Las categorías musicales barrocas quedaron intactas en manos del excelente conjunto instrumental formado por Violetta Club (Sebastián Alcaraz, Alejandro Fiore, Gabriela

Guembe, José Luis Di Marco, Gustavo Richter) y los músicos invitados (Ramiro Albino, Laureano Melchiori, Mario Masera). Recuperaron, como dijimos, la interpretación pura barroca con instrumentos y criterios de la época, poniendo la obra en el sitio que se merece y dotándola de belleza y fuerza expresiva.

Los diferentes lenguajes artísticos, incluidos el Coro de Cortesanos, brujas y marineros, preparado por Elizabeth Guerra y el Ballet Contemporáneo de la Municipalidad dirigido por Lucía y Valentina Fusari, alternaron lo estilizado con lo cotidiano extravagante, efectos lumínicos con sonoros, tensiones dramáticas con humor, consiguiendo del espectador aceptación espontánea y sin prejuicios de esta novedosa experiencia estética.

La obra en tres actos sin pausa, cantada en inglés y supratitulada en español sorprende por su variedad temática y rítmica y la alternancia equilibrada entre lo dramático y ligero. La partitura está perfectamente adaptada al ritmo del texto inglés y fue muy bien interpretada con claridad fonética por todas las voces.

Se destacó el desempeño vocal y actoral del trío compuesto por la Hechicera (soprano Marcela Carrizo), la Bruja I (soprano Jimena Semiz) y la Bruja II (mezzosoprano Carla Abraham). A ellas se sumó la gracia y la desenvoltura de la pequeña Niña hechicera (Elena Femenía Semiz). El tenor Cristian Mella (Marinero) y la soprano Amalia Villalba (Dama II, cortesana de Dido) se integraron también con soltura y muy buena preparación vocal.

Para completar el elenco falta citar las tres voces principales, sólidas, bellas y experimentadas, que pisaron firme, por igual: la soprano Griselda López Zalba (Belinda, confidente de Dido), el conmovedor barítono Fernando Lazari (Eneas) y la mezzosoprano Gloria López Sandmann en el rol de Dido, reina de Cartago.

En definitiva, esta atractiva producción del Teatro Independencia y Violetta Club que conjugó el principio histórico, el de la creatividad y el del placer, volvió a conquistar al público por la calidad y seriedad de la propuesta. Y todo esto, en tan sólo un poco más de una hora.

FICHA:

Ópera Dido y Eneas

Teatro Independencia

12, 14 y 14 de junio 2014, 21.30 hs.

Fuente:

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