Javier Cercas acaba de publicar El impostor (Random House), la historia de Enric Marco, un español que durante años elaboró una leyenda según la cual era sobreviviente de un campo de concentración nazi. Con esa patente de corso dio conferencias, contestó entrevistas, integró asociaciones, fue homenajeado por gobernantes, hasta que se supo que su versión era una impostura. Lejos de simplemente condenarlo, Cercas se propuso en su novela de no ficción, la tarea de entender a Marco. No para exculparlo o condenarlo sino para analizar qué hay de él en el resto de los mortales. Su idea es que personajes así funcionan como espejos del resto.El escritor catalán llegó a Buenos Aires para participar de la Feria del Libro. Luego de textos inolvidables como Soldados de Salamina y Anatomía de un instante, en El impostor vuelve a asediar los límites entre lo real y la ficción y las posibilidades de la novela para indagar en una realidad que es esquiva para la comprensión. Inquietantes conceptos aparecen en su último libro: las grandes mentiras se construyen con pequeñas verdades y muchas veces esas mentiras vienen a satisfacer una demanda social, es muy peligroso reemplazar la historia por la memoria, porque ésta es subjetiva, frágil y se construye, a lo que se suma lo que llama “el chantaje del testigo”, es decir la sacralización de quien participó en alguna situación, como si eso lo convirtiera no sólo en una fuente sin discusión posible para reconstruir lo sucedido, sino también automáticamente en un héroe intocable. Una temática muy actual en la Argentina de los últimos años y la polémica sobre “el relato”.
El escritor habla de El Impostor, un hombre que sehizo pasar por sobreviviente de los campos nazis. “Hizo lo que todos querríamos hacer, que es vivir una vida acorde con nuestros sueños”.
Javier Cercas: “Yo hago lo que me sale de las narices”
