Por Selva Florencia Manzur
fmanzur@diariouno.net.ar
Suena el teléfono de la casa de Luisa Kuliok, la actriz atiende, y del otro lado le responde una voz que aún tiene un dejo de tonada cuyana, a pesar de los años de desarraigo. Es Rodolfo Braceli, quien tras unos segundos de ameno diálogo, le pide que viaje a Mendoza para dar vida a los textos del que, quizás, sea su libro más significativo.
Pero esa recitación no es menor, sino que se trata de la reedición –a 50 años de su primera publicación– del libro debut del periodista mendocino, llamado Pautas eneras. La primera edición de ese texto fue confiscada y quemada por la dictadura de 1962 que derrocó a Arturo Frondizi.
“A los tres días de salir de la imprenta oficial fue prohibido, secuestrado y quemado en el playón de la Casa de Gobierno”, recordó Braceli, remontándose a esos tiempos en que era un joven poeta que cumplía el sueño de editar un libro. Pero ese sueño tuvo un despertar abrupto, que hoy vuelve a tener paz. Con el libro en mano, el autor puede decir que esos textos ya no están perdidos, que dejaron de ser cenizas y hoy vuelven a existir para quienes quieran leerlos.
En la presentación, los actores Luisa Kuliok y Darío Grandinetti harán una recreación de los textos con música en vivo. Será a las 20.30, en la Sala Roja del Espacio Cultural Julio Le Parc. El libro, en tanto, se puede adquirir en librerías de todo el país.
A modo de preparación para el evento, Escenario & tendencias dialogó con Luisa Kuliok para conocer más sobre lo que preparan para hoy.
–¿Cómo será el espectáculo?
–Es una puesta en escena, con luces, música en vivo y una dinámica de relato que va llevando al espectador. Hay un hilo conductor, que son los escritos de Braceli. Es un espectáculo, que será como teatro leído, pero al hacerse desde un escenario, se genera una magia diferente a cualquier otro arte, porque uno la ve en vivo. Me conmovió mucho que me llamara porque fue su primer libro de poesía y, a diferencia de otros autores que reniegan de sus primeras obras, él lo considera el pilar sobre el que se han construido sus otros textos. Es un libro que cuando nació fue secuestrado y quemado, tiene una historia muy fuerte. Fue como a una criatura a la que le arrancaron el corazón y se lo quemaron.
–¿Cómo se da su vínculo con Braceli?
–Tuve la suerte de conocerlo hace un tiempo. Lo llamé para hacer un unitario basado en un libro suyo sobre las madres en general. Fue una locura mía que no se pudo hacer. Además, para la Fiesta de la Democracia, en Plaza de Mayo, le pedí un texto, justamente el que haremos mañana (por hoy), para leerlo. La obra la cerraremos con una oda a las madres que él escribió.
–En Buenos Aires, usted tiene un ciclo en el que entrevista a personalidades sobre los libros de su vida. ¿Cuáles son los libros que la marcaron a usted?
–Me encanta el mundo de (Jorge Luis) Borges, el de Braceli me sorprende por la cantidad de cuentos que ha escrito, también leo a Clarice Lispector, de Brasil. Leo muchos textos orientales, hay uno que se llama El círculo de los mentirosos, que es una recopilación de Jean-Claude Carriere, y ahí está la sabiduría. Allí uno encuentra cosas muy valiosas.
–¿Guía su vida según valores orientales también?
–Soy una mezcla de todo. Una de las cosas que más practico es el arte de la paciencia. De saber acompañar los pasos cuando deben darse. Que a uno no le gane la euforia. Es algo sobre lo que todas las grandes culturas orientales hablan y sobre lo que he aprendido mucho.
–¿Es una mujer de fe?
–Sí. Creo en la mística de la vida y en que pertenecemos a una cadena interminable, y por eso también me parece que los nietos de desaparecidos son cosa nuestra. Es una cadena que está rota. Una identidad cambiada es algo que está fuera del orden, fuera de cualquier guerra. Me interesa mucho la restitución de los nietos.
–¿Colabora con las Abuelas de Plaza de Mayo?
–Desde el lugar que puedo, presentándome en eventos, propagando la voz. No en la organización en sí, pero sí desde donde puedo.
–Hoy va a leer poesía, ¿cómo es su relación con el género?
–Tengo un vínculo muy fuerte con la poesía desde los cinco años porque mi mamá, que quería ser actriz, me recitaba y me llevaba a ver teatro desde chica. La poesía me acompañó siempre y hasta hice recitales de poesía. Cuando tuve que rendir para entrar a la facultad, me aceptaron porque dijeron que yo entendía bien la palabra. Siempre me ocupé de ella. El actor tiene que ocuparse de aquello que expresa con la palabra.
–¿Cómo recuerda los años de la dictadura?
–Los recuerdo con horror, pero más aún al darnos cuenta de que hay cosas que desconocíamos. Nos pasó con mi marido, cuando en 1980 viajamos a Europa, y vimos que en las paredes de la casa de Ana Frank estaban anotados los lugares donde hubo campos de exterminio en Argentina. Éramos jóvenes, sabíamos más o menos lo que pasaba, vivíamos situaciones violentas, pero no tuvimos un desaparecido cercano. A mi marido lo conocí haciendo teatro, él estaba ensayando La masacre de Trelew, con Martín Adjemián, que tuvo que huir para salvar su vida, y de casualidad no estaba en la libreta de Martín el nombre de mi marido, porque sino quién sabe...
Conquistar Italia
–¿En qué otros proyectos está trabajando?
–Filmé una participación en una película, de producción argentina, que está protagonizada por Demián Bichir, el actor que estuvo nominado a un Oscar este año por su trabajo en la película Una vida mejor. No puedo decir el nombre porque aún no lo tienen confirmado, pero tengo un papel pequeño. Además, estoy esperando que me elijan para el Festival de Arte de Taormina, en Italia, donde haría un espectáculo llamado El collar de la paloma, en italiano. Es un show en el que cuento historias, manipulo títeres y hago percusión. Parece que hay un montón de personas en el escenario, pero soy sólo yo. Nos hemos inscripto, con la directora, y esperamos que nos convoquen.
–¿Y por qué en Italia?
–Porque adoro Italia, mantengo un romance con ese país que surgió y sigue gracias a las novelas, y cuando estuve en 2003 me paré en ese teatro, el de Taormina, y me dije que algún iba a estar en ese escenario. Hace nueve años de eso y quiero cumplirlo.
–Si Pautas eneras es el libro pilar de Braceli, ¿cuál fue su momento pilar?
–Creo que el gran deseo de mi madre. Vengo a cumplir el mandato de ella porque sufrió una gran frustración. Cuando ella era joven, ser actriz era ser puta. Por eso, al ser la mayor, mamá deposita en mí un mundo de sensaciones y de sensibilidad. Probé esto, pero después me quedé toda la vida en la actuación porque es de lo que me enamoré.
–¿Conserva recuerdos de Mendoza de sus viajes pasados?
–Sí, porque la primera que vine a Mendoza fue en 1988 y fue porque mi marido me prometió llevarme a un lugar maravilloso y me trajo acá. Vine con él, que sí conocía porque solía venir mucho a Villavicencio con su tía,y nos fuimos de camping a Potrerillos, no había nada en ese entonces, pero vimos unos lugares maravillosos.
