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La comedia argentina, que bucea en los roles de la pareja, se estrena este fin de semana en las carteleras españolas.

Expectativa en España por el estreno de "Me casé con un boludo"

Hay cosas que parecen sencillas y son casi un milagro. Si vas al cine a ver una comedia, te quieres reir. Es una premisa simple: pagas tus 6-10 euros, te sientas en la butaca, proyectan dos horas de película, carcajada va y carcajada viene, pequeño momento de tensión en la trama, se resuelve todo y llega la risa final. Un esquema lógico, sin fallo ni complicaciones. Hacer una comedia buena es tan difícil como emocionar con un thriller: al fin y al cabo se trata de generar emociones a un espectador. Es algo que el cine español ha sabido hacer muy bien en los últimos años -aunque nadie tan bien como Paco León y su "Kiki"- y de lo que debemos presumir. ¿Qué comedia decente ha llegado desde Hollywood en el que la trama no sea un grupo de colegas "liándola"? "Project X", "This is the end", "Supersalidos"... Poco más se salva.Lo mejor que se puede decir de "Me casé con un boludo", que se estrena este fin de semana, es que te ríes. Cierto que no aspira a hacer "catas de profundidad en el alma humana", pero no le es necesario. Su única premisa, lo único que le aleja de la comedia absurda para elevarla a otra categoría más "sesuda", es una reflexión sobre los roles que todos asumimos en la vida y que tantas veces nos alejan de donde queremos estar."Ese fue el disparador que me llevó a hacer esta película", explica a ABC Juan Taratuto, director del filme. "Ver cómo cada uno actúa en la vida es un concepto que abrió una puerta en mí, me hizo repensar comportamientos y me encontré actuando de manera prefijada pero que yo creía que era lo que tenía que hacer. El papel que tengo aquí, como entrevistado, en el que intento dar una respuesta inteligente e interesante, es diferente al que tengo cuando discuto con mi hermana o cuando estoy en una fiesta". Una teoría, la de las subpersonalidades, con la que "tamiza" su filme.El director de la recomendable "No sos vos, soy yo" y del drama "La reconstrucción" sabe cómo crear productos apetecibles para el público. "Por mucho que a veces haga un cine industrial, que puede parecer que es de las productoras, para mí es cine de autor. Yo hago mis comedias, o mis melodramas, atravesando temas que para mí son importantes, son conflictos que en ese momento habitan en mi vida. Muchas veces uso la película como catalizadora de lo que me está sucediendo", esgrime, y en esta defensa no pedida sale su verdad: "No podría hacer una película de acción porque a mí, y es algo muy particular, no me movería nada por dentro. Lo que siento es que el único don que tengo es tamizar las películas de mi propia esencia".Cine en el cine: un clásicoNo hay novedad en que una película narre lo que ocurre mientras se rueda otra película. Ese cine dentro de cine ha dado lugar a proyectos intelectuales, pocas veces de comedia. Aquí se basa de ese recurso para caricaturizar al sector. Y para darse un gustazo: "Quería pensar que la película que estábamos rodando era una de época. Me di el gusto de hacer nieve falsa en una parte afrancesada de Buenos Aires donde hacía en realidad 40 grados. Era una cosa como muy pretenciosa, con muchos diálogos y los sentimientos a flor de piel, no sé si existe hoy este cine en Argentina, pero nos divertía rodar ese "Star system"". Y allí está uno de esos momentos donde se escapa la risa, con el protagonista vendiendo su vida a los paparazzi ("Pablito, me conoces desde que tenía seis años, me llevas entrevistando desde entonces, ¡cómo piensas que te voy a mentir!", dice el actor a uno de los periodistas que le persiguen desde que un productor le convirtiera en niño prodigio).Al final, y como pasa siempre, lo bueno si breve dos veces bueno. Y "Me casé con un boludo" dura dos horas en el que se pasa varias veces por el mismo punto sin que nada cambie. Quizá si el espectador está muy dentro de las redes de la historia -"Cuando veo una película de otro país, cuando no conozco mucho a los actores, cuando hablan otro idioma o con acentos, es más fácil entrar. Hay algo de sorpresa en esa novedad"- no le importará si el viaje le regala otra sonrisa por el camino. Y mientras asuman que el protagonista boludo juega a ser un seductor con unas maneras, un tamaño y unas poses impropias de lo habitual en el cine. Aquí sí, aquí el tamaño y la duración importan para hacer el humor.

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