Todos deberíamos tener sueños, porque lo que soñamos es lo que esperamos, porque si no tenemos sueños, es como que nos hubiéramos muerto estando vivos.Nuestros sueños son lo que esperamos y a eso se le llama esperanza. Lo que yo espero es la esperanza de alcanzar mi meta, por ejemplo: cambiar el auto, hacer un viaje, lograr algo, etcétera. Entonces, yo tengo un mañana. Cada día al abrir los ojos sé hacia dónde voy.
Pero si no tengo nada por delante, ¿qué me queda? El pasado.¿Cómo me doy cuenta si el sueño es mío y genuino, y no de la persona con la que comparto mis días?¿Qué nos apasiona? ¿Qué nos entusiasma? Eso es lo que tenemos que procurar seguir, porque dicen que empleo es lo que te da dinero, pero el trabajo es tu vocación y eso se transmite. Por eso, tenemos que conectarnos con ese ideal. Muchas veces tenemos varias vocaciones o éstas van cambiando.Tenemos que distinguir trabajo de vocación, son dos cosas distintas. Ejemplo: tenemos tres médicos, el primero investiga, está intentando descubrir en su laboratorio la cura para diferentes enfermedades; el segundo atiende pacientes y el tercero dirige un hospital ¿De qué trabajan los tres? Son médicos, pero su vocación es distinta.El que investiga tiene vocación de investigar, es curioso y le gusta conocer.El que atiende pacientes tiene vocación de servicio, le gusta estar con gente.El que lidera el hospital tiene vocación de liderazgo o poder.Es decir, los tres trabajan de lo mismo, pero tienen vocaciones distintas. Entonces, uno no tiene que buscar el trabajo, sino preguntarse: “¿Cuál es mi vocación?, ¿qué es aquello que me gusta, que me entusiasma, que me apasiona? Y saber que uno va rotando en la vida, va cambiando y somos la suma de todo lo que aprendimos antes.