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El cantautor llega a Mendoza en un formato casi inédito para él: sólo con su guitarra. Se presentará en la Nave Cultural

El uruguayo Martín Buscaglia y la libertad de tocar como en casa

Por Selva Florencia Manzur

manzur.florencia@diariouno.net.ar El arte debe movilizar, tocar fibras, hacer vibrar y, aunque se trate de algo decididamente subjetivo, eso es lo que sucede al escuchar una canción tan honesta y visceral como Visionario, de Martín Buscaglia. El tema abre el último disco –Somos libres– del cantautor uruguayo devenido en figura referencial del cancionero actual del Río de la Plata.
El artista de 43 años llega por segunda vez a Mendoza, luego de una experiencia en el Le Parc hace un par de años, para presentar este trabajo que fue grabado en vivo y que lo exhibe en una faceta aún más íntima que la que usualmente expone en sus shows. La cita es este viernes, a las 21.30, en la Nave Cultural y las entradas se pueden adquirir en la misma sala.Solista desde hace al menos cincos discos –antes formó parte de Bochamakers junto con Matías Rada, hijo del Negro Rada–, usual compañero de dupla de la cubana Yusa y compositor de música para teatro, en esta oportunidad el hijo del recordado Horacio Buscaglia no trae su arsenal de instrumentos que le valieron el apodo de “hombre orquesta”, sino que viene sólo con su guitarra.Desde su casa, el hiperquinético músico nos recibió por teléfono para abrirnos la posibilidad de ser parte de sus reflexiones, sus pensamientos y su visión acerca de la actualidad musical de su país y el mundo.

–Venís a presentar “Somos libres”, un disco que fue grabado en varios recitales ¿Buscás recrear la magia del vivo que hubo durante esos shows? –El objetivo es ese y, por suerte, casi siempre se cumple: revivir la magia de esa noche en que se grabó el disco, lo cual no quiere decir que vaya a tocar estrictamente el repertorio de lo que quedó grabado. Es un disco que me agarró distraído, porque fue una serie de conciertos que no los planifiqué para sacar de ellos un álbum y por eso mismo toqué con tranquilidad, y porque no sabía que era algo que iba a quedar grabado por los siglos de los siglos. Toqué como se toca de verdad, como cuando uno está en su casa. Ese clima se revive cada noche que toco sólo con la guitarra y reconozco que, durante esos recitales en particular, toqué lo que tenía ganas de tocar. De manera que, si en cada show toco lo que tengo ganas, ya estoy invocando el espíritu que tiene Somos libres.–Te sentís totalmente libre arriba del escenario entonces...–(Risas) No lo entiendo de otra manera. Te diría que me indigno cuando veo a un artista de cualquier disciplina aparentando sufrimiento o haciendo algo que le está costando mucho trabajo, porque la experimentación y el trabajo tienen que venir antes. Si vos como artista sentís que tenés algo para ofrecer arriba de un escenario, es porque ya tenés libertad y naturalidad para hacerlo.–Tus composiciones tienen mucha metáfora y mucho de onírico, ¿de dónde viene esa predilección por expresarte así?–Cada artista tiene sus leit motiv o sus obsesiones personales, de las cuales es interesante el ejercicio tanto de adentrarse en ellas como de alejarse. Es una disciplina muy linda esa: salirse de lo que uno suele hacer, pero al mismo tiempo esas temáticas o melodías que redundan en el trabajo de uno hacen que tengas una esencia. El trabajo de los grandes artistas siempre remite a sus anteriores obras. Sobre por qué me expreso así, creo que no pasa por querer hacerlo de ese modo, sino que me considero una persona que vive mucho y esa es la premisa fundamental y básica para componer y poder sacarle jugo a algo.–Solés decir que la gran fuente de inspiración para tus canciones es la cotidianidad ¿Te sucede que a veces lo cotidiano no te inspira o que las canciones no aparezcan?–La verdad es que no tengo tiempo para que me pase. Tengo la fantasía de quedar en blanco o de llegar a una isla en blanco y no saber para dónde ir. Hace 40 años que no me pasa. Termino un proyecto y ya aparece otro de inmediato. Ahora, por ejemplo, estoy grabando música para una obra de teatro que se estrena en dos semanas, también acabo de terminar el arte de tapa para un disco nuevo que grabé. –¿Habrá en el recital de hoy algún adelanto de este nuevo trabajo?–Sí, seguro. Además, es un disco que grabé a dúo con un artista uruguayo, que es considerado un músico de culto y se llama Antolín. Fue una experiencia alucinante y muy original. Eso es lo bueno del disco anterior: al llamarse Somos libres, me permite hacer lo que sienta. Creo que la libertad debería ser la premisa y el deber de todo artista. Este formato que llevo ahora a Mendoza, el de estar sólo con mi guitarra, me permite transitar cualquier camino que quiera, ya sea hacer canciones mías, nuevas o de otros. –¿Solés revisitar la obra de tu papá o te encontrás con que inevitablemente inspira la tuya?–Sin duda. Siempre me dio alas su trabajo. Lo veo claramente como una tradición familiar esto de haber continuado con el oficio. Si tu padre era un apasionado alfarero, por ejemplo, lo más probable es que vos tengas una sensibilidad hacia eso y quieras hacerlo. Eso me pasó a mí. Cuando empecé, en Uruguay, mi padre era una constante referencia al hablar de mí, pero cuando salí afuera, no. Todo lo contrario, porque edité un libro con obra poética suya y a partir de hablar de él hay gente que lo conoció y se interesó por lo que creó él en su vida. La obra de mi padre es diferente a la mía, pero complementaria. Es evidente que mi predilección por lo onírico viene de su fascinación por los poetas surrealistas.–En los últimos cinco años, el rock uruguayo dominó la escena argentina ¿Sentís que hoy el público argentino está más ávido de escuchar música uruguaya?–Ese es un tema que acá en Uruguay también genera curiosidad, porque siempre tuvimos buenos músicos y gente interesante para escuchar y descubrir. Quizás por ser tan chiquito el país fue más difícil llegar. No es que ahora se esté haciendo más o mejor música, eso estuvo siempre. Es un momento de mayor exposición que creo es coyuntural. Los que tengan que quedar, lo harán y los que no, no.Cuándo: hoy, a las 21.30Dónde: Nave Cultural (España y Maza, Parque Central, Ciudad)Entrada: $100 general y $70 jubilados y estudiantes, a la venta en la boletería

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