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Con capa y corona llega a la ficción

Gabriel Sotelouno_escenario@diariouno.net.ar

Probablemente un gran porcentaje de las niñas mendocinas hayan soñado, alguna vez, con ser reinas de la Vendimia. Muchas de ellas habrán practicado levantando su mano y saludando mientras se miraban al espejo. Se habrán colocado alguna capa y utilizado algo que se parezca a una corona.Decir Mendoza es decir Vendimia. Una de las épocas más linda de la provincia. Cuando la uva es cosechada y llevada a la bodega para luego llenarnos la copa y brindar por nuestros sueños para un nuevo año vendimial.
La máxima representante de Mendoza es esa soberana que en la fiesta mayor de los mendocinos saluda a un teatro griego Frank Romero Day colmado de familias. Esa bella joven que recorre el mundo mostrando las riquezas de estas tierras está acompañada de su compañera de trono, la Virreina Nacional. Ambas, al llegar a ese lugar, han cumplido la fantasía que veían como un juego de infancia.Pero las niñas mendocinas no sólo tienen la ilusión de ser reinas. También está aquella que se imagina siendo maestra, doctora, psicóloga, chef, actriz y un montón de otras profesiones.Remontémonos al pueblo de Gutiérrez, en la ciudad de Maipú, al año 1982. Allí, el 25 de marzo, nació una hermosa beba a la que sus padres, Ana María Antonaia y Juan Héctor Campos, bautizaron Gisela Paola.La pequeña, tras dar sus primeros pasos comenzaba a  jugar a ser reina: se miraba al espejo, se ponía vestidos y desfilaba por toda la casa.  También se divertía siendo actriz. La pequeña Gisela fue creciendo y sus ganas de “jugar a la tele” también crecían a sus pasos.Terminó la secundaria y decidió comenzar a estudiar periodismo en UNCuyo, para luego pasarse a la Universidad Maza.Con 22 años decidió participar en la Vendimia y se postuló para ser reina de su distrito, Gutiérrez.  Luego de la elección departamental, obtuvo  el triunfo que la llevó a participar por la corona nacional.En una reñida votación,  la joven Gisela fue elegida Virreina Nacional de la provincia, detrás de la Reina Nacional, representante de San Carlos, Nuri Donnantuoni.Tras un año lleno de experiencias y emociones, comenzó su sueño de “jugar a la tele”. Pero no es exclusivamente en la TV, la bella Gisela también dio sus primeros pasos en la radio y en la actuación.Tras varios ciclos al mando de las tardes de El Siete, la morocha se atrevió a un sketch de humor donde interpreta a una de Las paraguayas. Luego de este gusto personal de actuar en su programa, finalmente la conductora de Tardes compartidas y de FM Una tendrá su papel protagónico en una ficción.Es que la periodista, conductora y ahora actriz Gisela Paola Campos será una de las figuras principales de la serie televisiva Ranchera. El nuevo capítulo de esta serie de unitarios mendocina está dirigido y producido por Diego Corsini y el actor mendocino –hace su debut como director– Marco Antonio Caponi. En tanto, el creador de esta ficción es Miguel Grau-Bassas. Además El Siete forma parte de la coproducción.La morocha de sonrisa perfecta dialogó con Escenario y mostró sus emociones y expectativas por este gran desafío actoral de un producto federal (sus capítulos se están filmando en varias partes del país), cuyo hilo conductor es una Ford Ranchera.–¿De chica soñabas con que te pasara todo esto? –Sí, siempre vivía actuando, improvisando cosas, miraba muchas novelas. Hacía que estaba feliz, enferma, embarazada, mirándome al espejo. Me encantaban todas las novelas mexicanas, las de Thalía me las veía todas. Era la artista de la familia, cantaba, actuaba, me subía a la mesa, dirigía la fiesta, digamos. Siempre que había algún casting o cuando iba a Buenos Aires soñaba con que viniera alguien y me dijera que tenían un papel para mí (risas).–¿Cómo entraste a la tele? –Fue muy loco. Un día me llamó Marcelo Ortiz mientras me estaba haciendo fotos con Nuri para decirme que había un casting. Apenas corté, Nuri me miró y me preguntó qué me pasaba y le dije que me acababa de equivocar. Es que le había dicho no. Le dije que quería disfrutar de ese momento, que si quería me llamara después que pasara todo. Podés creer que terminó la Vendimia y me volvió a llamar. Gracias a él comenzó esta gran historia.–Llegar a la tele después de estar en la Vendimia, ¿te ayudó o te perjudicó? –Las dos. Llegué gracias a eso pero me marcaban por haber llegado así. Se veía que a muchos les molestaba y eso hacía que yo no me sintiera cómoda. Mi mamá me decía que si cada una de las personas que hablaba mal de mí tuviera esa oportunidad, también lo haría. Esa conversación me hizo un clic y me cambió.–¿Te gustaría irte a Buenos Aires a trabajar? –Ya no. Antes te hubiera dicho que sí, pero ahora no. Ir a vivir no me gustaría, por ahí trabajar pero poder ir y volver. Tuve intenciones de irme pero no se dio y desde mitad del año pasado mi vida tomó un giro de 180 grados. Volví con mi pareja y ya planificamos un futuro juntos. Igual, uno no sabe las propuestas de la vida, no hay que usar la palabra nunca.–Ahora vas a tener un rol protagónico en una ficción televisiva, ¿te pone nerviosa? –Trabajar con gente con tanta trayectoria me va a ayudar a aprender muchísimo. Con la dirección de Corsini y Caponi voy a tener una clase acelerada de actuación.–Caponi también va a debutar, pero como director, ¿eso te da más tranquilidad? –Justo lo hablábamos con el mendocino Miguel Grau-Bassas, el ideólogo de Ranchera, y me decía que más allá de que debute como director, Diego y Marco se complementan muy bien. Diego trabaja mucho con el actor y la interpretación, y Marco se fija más en el plano, el paisaje y esos detalles. Será un gran desafío, una aventura.–¿Cómo recibiste la propuesta de protagonizar este unitario? –Fue cumplir un sueño. Al principio me enteré por Leandro Valdivieso, productor de El Siete. Él me había dicho que tenía que hacer un casting. Yo dije sí, era mejor, porque si me veían podían decidir ellos si era para el papel o no. Me eligieron y ya está, no se pueden arrepentir (risas). Me da mucha responsabilidad y quiero dejar todo para cubrir las expectativas de los que me eligieron. Son gente que viene laburando de esto y son profesionales.–¿Dudaste en aceptar? –Es que cuando me llamó Miguel y me dijo que ya estaba elegida, que no tenía que hacer un casting, me sorprendió. Cuando me preguntó si me animaba le dije que sí, es algo que siempre he soñado.–El guión habla de una virreina de la Vendimia y se graba en Maipú, ¿es una historia casi autobiográfica?(Risas) –Salió todo cerrado, es todo perfectito. Que se grabe en Maipú es un bonus y la historia me trae muchas sensaciones. La verdad es que la historia fue lo único que me hizo dudar un poco, pero es muy linda. Tiene que ver con la Vendimia, la historia que me cambió la vida. Se graba en Maipú, el lugar donde nací y crecí.  Y es mi debut en la actuación, un sueño cumplido. Todo esto es un regalo, una bendición muy grande. –Volvés a ser virreina, es tu karma no llegar a ser reina por fin...(Risas) –Sí, ni en la ficción puedo ser reina, siempre cebollita subcampeón. Está bien, mi destino es ser segunda, una segunda que ha recibido un montón de satisfacciones. No va a ser el papel que yo tuve cuando fui virreina, esta virreina de Ranchera está muy mal de la cabeza (risas). –¿Por qué te hizo dudar la historia? –Me sensibiliza por el hecho de Nuri (fallecida en febrero pasado), me recuerda a los momentos que viví con ella y además el rodaje va a ser cerca de su cumpleaños. La historia la siento muy cercana, lo charlé con los productores y a lo mejor podamos hacer alguna especie de mención u homenaje a ella.

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