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La actriz María Abadi hizo un alto en las grabaciones de Los ricos no piden permiso (El Siete Mendoza) para rodar en Mendoza un capítulo de la serie de unitarios mendocina "Ranchera".

Chica de pantalla, bienvenida a Mendoza

Para ella, actuar es poner cuerpo, mente y corazón, es entregar parte de su ser y recibir en cada personaje algo de su personalidad. María Abadi (30) saltó a la primera plana cuando protagonizó Géminis en el cine, en un papel dramático de fuerte impacto emocional para el que la convocó Albertina Carri. Después vinieron participaciones en otras películas y en la pantalla chica (Montecristo, Ciega a citas, Esperanza mía).

Ahora, mientras se despide de "Julieta" en Los ricos no piden permiso, novela que aquí se ve por de , la convocó un director mendocino. Y apenas le nombraron Mendoza no dudó en encarar el proyecto.

Se trata de Miguel Grau Bassas, quien se fijó en ella y en Diego Alonso para que sean los protagonistas del cuarto capítulo de Ranchera, serie de unitarios que pronto llegará a la pantalla chica mendocina y nacional.

Así, María Abadi concretó su anhelo de conocer la Tierra del Sol y el Buen Vino, llegó el martes pasado, filmó en y Godoy Cruz, y este -antes de volver a su Buenos Aires natal- se convirtió en turista para visitar la montaña mendocina.

La casa de los padres de Marco Antonio Caponi formó parte de las locaciones de este divertido episodio de Ranchera, ya que el actor y su hermano, Alejandro, están comprometidos con la serie, tanto actuando como produciendo junto con Grau Bassas.

Abadi define la actuación como parte de su mismo ser, no puede separarla de las cuestiones emocionales de cada actor, de cada persona. Y esa definición está arraigada tal vez en su cuna familiar, con padres psicoanalistas de dilatada trayectoria: José Eduardo Abadi (también periodista cultural) y la terapeuta, crítica de arte y curadora Corinne Sacca, fallecida en 2008.

Agradecida por la hospitalidad del equipo de trabajo mendocino y por el afecto recibido en el hogar de la familia Caponi, donde se alojó, Abadi nos cuenta en esta entrevista con Diario UNO las diferencias de rodar en Buenos Aires y en el resto del país, y nos revela que su verdadero espacio interior está en las clases de teatro que dicta desde hace cuatro años.

-¿Cómo surge tu participación en "Ranchera"?

-Me convoca Miguel (Grau Bassas, director de la serie de unitarios) y apenas me nombró Mendoza dije que sí, no lo dudé. No conocía Mendoza, es la primera vez que estoy acá y hacía tiempo que tenía muchas ganas de conocer esta hermosa provincia. Y cuando leí el guión me pareció muy divertido, es una historia graciosa para contar y me divierte actuarla. Además justo me tocó hacerlo con Diego Alonso, a quien ya conocía porque habíamos trabajado juntos en Sres. Papis y teníamos una muy buena relación. Entonces, cerró por todos lados el plan. Y encima, llego acá y no paro de encontrarme con alegrías porque la verdad es que tengo un trato excepcional, me encuentro con gente laburadora que hace esto con mucho placer. La familia Caponi me hospeda y me dan ganas de quedarme a vivir con ellos, me hacen comidas riquísimas. La estoy pasando tan bien que no me quiero volver.

-¿Qué es lo que más te atrae de filmar fuera de Buenos Aires?

-Lo que más me encanta es la forma de trabajar. Acá se trabaja de una manera mucho más copada que en Buenos Aires. Acá hay otros tiempos, otras alegrías y un compromiso y una felicidad mayor porque creo que no están tan acostumbrados a proyectos cinematográficos o televisivos como en Buenos Aires. Entonces se hace todo con una pasión y un deseo que tal vez allá sea más estructurado o controlado. Así, eligiendo este tipo de trabajos, uno se reconecta y confirma por qué hace lo que hace.

-En este momento estás en pantalla. ¿Cómo es tu participación en "Los ricos no piden permiso"?

-Ya grabé casi todo, me queda un mes al aire, más o menos. Grabé 40 capítulos y ahora me queda grabar unas cositas finales y ya termino. Fue una muy linda experiencia, con un equipo de trabajo espectacular, se trabaja en un muy lindo clima.

-Además, se trata de una novela que vuelve a los orígenes del género...

-Sí, absolutamente, es un culebrón hecho y derecho. Y está buenísimo, porque es un género que si se hace bien, con verdad y compromiso, hay que recuperarlo porque es muy lindo. Y con Los ricos... están haciendo eso, es una superproducción, con un elenco de grandes actores, con muchos escenarios naturales. Se está haciendo el esfuerzo para que el producto sea bueno y digno de poner en pantalla. Producciones como esta te demuestran que no sólo las novelas enlatadas de otros países son buenas. En nuestro país también se pueden hacer buenos culebrones.

-Desde "Géminis", tu gran debut cinematográfico hace 10 años, hasta la actualidad, ¿cómo viviste internamente tu proceso en la pantalla?

-Uno va cambiando lo que espera, sea de su oficio o de su vida personal, porque los objetivos, los deseos o las metas se van modificando. A mí me gusta muchísimo mi trabajo, disfruto mucho actuando y me encanta la televisión o el cine. Pero hace cuatro años necesité encontrar espacios por fuera de la pantalla, espacios más íntimos, más propios en la búsqueda. Y empecé a dar clases de teatro con mi socia y amiga, Catalina Lescano. Este es un espacio fundamental en mi carrera, donde puedo renovarme, reencontrarme y encontrar nuevos procesos actorales. Enseñar actuación es muy lindo porque lo que el otro recibe no es solamente arte sino también algo personal. Actuar está muy vinculado a los sentimientos, a los pensamientos... la actuación tiene mucho que ver con la persona. Entonces, entrar así en el otro es algo muy gratificante.

-Esa definición tuya sobre la actuación debe venir de la cuna, teniendo padres terapeutas...

(risas) -Sí, yo creo que a veces ahí despunto un poco el vicio... el no haber sido psicoanalista. Lo tengo adentro aunque no quiera.

-¿Y hacés terapia?

-Sí, me analizo desde que tengo 12 años. Voy cambiando de terapia. Hace tres años que no hago más psicoanálisis porque hago una terapia más energética. Y estoy contenta, necesitaba despegar del psicoanálisis porque es muy mental y yo necesitaba agarrar por otro lado. Eso es muy personal. Pero sí, la terapia es algo que me costaría dejar, soy adicta a ella.

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Fernando Martínez / Diario UNO.
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