"Hola, ¿puedo fumar un cigarrillo?", pregunta amablemente Charly García a una de las jóvenes camareras que asisten la suite de un deslumbrante hotel porteño. La respuesta es afirmativa, y el músico lo enciende, toma asiento junto a un señorial escritorio iluminado por un candelabro y posa envuelto en su propio humo para las fotos. "Díganme la verdad", se ríe, "entre estas velas, ¿no parezco Liberace?".
En menos de un mes concretará un sueño largamente acariciado: se vestirá para la ocasión, convocará a una orquesta sinfónica y a los inseparables músicos de su banda, The Prostitution, y unirá las dos partes que lo construyen musicalmente: lo clásico y
"Básicamente, no me vendí nunca", dijo Charly antes del teatro Colón

Recomendadas