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El jueves se estrena en Mendoza Pasaje de vida, filme  protagonizado por el Chino Darín. Hablamos con el actor  del momento sobre este thriller inspirado en hechos reales

Atrapado en los ’70

Selva Florencia Manzurmanzur.florencia@diariouno.net.ar

En una Argentina atravesada por la dictadura militar, una pareja de jóvenes comprometidos con el presente de su país debe decidir si pasa del activismo político a la lucha armada. Su historia de amor, violencia y pérdida es, décadas después, recreada e investigada por Mario.  Mario es un hombre cuyo padre sufre una enfermedad neuronal que provoca que su cerebro quede atrapado en el pasado y  no diferencie el presente del recuerdo.
A través de sus palabras y conversaciones que mantiene con él, Mario descubre que su padre, Miguel, está obsesionado con encontrar a una mujer llamada Diana, pero ¿quién es Diana? Esta pregunta lo empuja a Mario a investigar el revuelto pasado de su progenitor.Esta historia es la trama inicial de Pasaje de vida, película que llega a los cines locales este jueves y está inspirada en la vida real de los padres del director de la película, Diego Corsini.El rol protagónico lo ocupa quien es  considerado hoy el actor del momento: Ricardo el Chino Darín.El actor de 26 años dialogó con Escenario sobre cómo fue ponerse en la piel de este personaje y de los proyectos que tiene por adelante.–Encarnás a un joven militante y comprometido, ¿cómo te sumergiste en el personaje y en la época? –Leí bastante sobre la época y recurrí a gente que me contó de primera mano cómo era todo. También a familiares y testigos, porque más allá de la militancia y lo que ha salido en los diarios, quería entender el contexto de la historia. Desde los usos y costumbres, hasta la música que se escuchaba y cómo se vivió, por ejemplo, el Mundial de fútbol del ’78. Todo forma parte de una época muy convulsionada y tiene tantas versiones como personas consultés. En este caso, nos basamos en las vivencias de esta pareja: Miguel y Diana.–¿Cómo viviste la responsabilidad de contar la historia de los padres de quien dirigió la cinta? –Fue difícil en cuanto al compromiso, porque tenía que representar a alguien que estaba ahí, fuera de cámara, pero mirando todo. Además,  cada tanto Néstor, el padre de Diego Corsini, venía a chequear algunas cosas y a dar su visto bueno. Hubo un aporte constante. Tenerlo a él ahí, con sus historias y vivencias de primera mano, fue una responsabilidad grande, pero también un privilegio a la hora de construir el personaje.–Miguel Ángel Solá interpreta el mismo personaje que vos, pero cuando ya es mayor. ¿Trabajaron juntos en algún rasgo distintivo? –Para nada, porque yo hice todas las escenas del personaje cuando es joven, en los años ’70, sin saber quién iba a ser el actor que lo interpretaría en su adultez. Supongo que él debe haber visto algunas escenas mías junto con Diego, pero de todas formas él está fantástico en la película y me parece que se logra esa conjunción de los dos períodos históricos en un mismo personaje. Más allá de las diferencias físicas que tengamos los dos, la estética y los planos colaboran para que el público nos entienda como una sola persona.–Al ser el protagonista de este filme, y dado el éxito que tuvo tu trabajo anterior, “Crimen en Buenos Aires”, ¿sentís mucha presión frente a este nuevo estreno? –No. El éxito no es algo que está en mis cálculos, nunca. Uno hace su trabajo y el resto es un resultado que no puede controlar. No tiene sentido pensarlo. Es algo que se da o no se da. Hay muchas cosas que exceden al trabajo del actor, tantas que no vale la pena preocuparse ni jactarse.–Sos el actor del momento, ¿cómo elegís de entre todos los guiones y propuestas que te llegan? –En general tiene que ver con elegir un personaje que me gustaría contar, porque uno termina aportando su cuerpo, su sensibilidad y su intelecto en función de la construcción de una persona que luego funciona dentro de un mecanismo que es una historia que se cuenta en conjunto con otros actores, técnicos y el director. Cuando recibo un libro, lo leo sin expectativas, para no tener prejuicios sobre la historia. Quizás me gusta la historia, pero no el personaje que tengo que hacer, o al revés. Hay muchas variables y cada caso es único. Tampoco tiene que ver con el posible éxito que pueda tener, sí con lo que a mí me deja en lo profesional y personal. En este caso, me interesaba en lo personal hacer este papel.–Compartís la pantalla con Marco Antonio Caponi, que es mendocino, ¿cómo es tu relación con él? –Esta experiencia fue genial porque terminé compartiendo el trabajo con tres amigos: Marco Antonio, Carla (Quevedo) y Carolina (Barbosa) son muy amigos míos. Fue un lujo. A Marco Antonio lo conocí hace muchos años, en uno de los primeros proyectos que hice, que fue para TV. Fue en la novela Alguien que me quiera, donde yo tenía un papel chiquito y él era más protagonista. Detrás de escena forjamos una amistad que cada vez se afianza más. No habíamos podido volver a trabajar juntos y esta oportunidad fue un privilegio porque es un gran actor y le da mucho valor agregado que ya nos conozcamos. Justamente acá hacemos de dos personajes que también son muy amigos, se tienen mucha confianza y eso no tuvimos que construirlo, ya lo traíamos de antes.–Ahora falta que te traiga de paseo por Mendoza… –¡Me quiere llevar todo el tiempo! A mí me encantaría, pero tenemos que coincidir en los tiempos, porque él viaja cuando tiene un tiempo libre y yo por ahí estoy ocupado. En algún momento vamos a coincidir para ir a visitar a la familia de él y a pasear por bodegas y viñedos.–¿Cuál fue el mejor consejo que te dio tu papá, Ricardo, cuando decidiste lanzarte a ser actor? –En realidad, el mejor consejo que me dio fue cuando yo estaba por empezar a estudiar ingeniería industrial y, al contárselo, él me invitó a hacer un ejercicio: me pidió que tratara de visualizarme en el futuro haciendo eso y siendo feliz. En ese momento me di cuenta de que la felicidad iba a pasar por otro lado y que no era la ingeniería la que me iba a hacer feliz. Así fue que empecé a investigar y terminé en esto. No fue un consejo directo, pero me ayudó a hacer un trabajo de introspección.–¿Qué ha sido lo más difícil de adaptarse a la fama propia? –En general la he pasado muy bien. No he tenido malas experiencias. Es verdad que uno, a veces, putea cuando ve invadida su intimidad porque hay una confusión muy establecida en este país de creer que por elegir un trabajo público exponés tu vida al público. Esa confusión, sumada a que hay una especie de cultura del “famosismo”, en la que parece que uno hace tal o cual cosa para ser famoso, no son buenas. Eso es algo que yo no quiero porque conozco la fama de chico por mi padre y puedo decir que tiene más contras que pros. Pero sí, en mi caso personal, me ha molestado que invadan mi personalidad o que digan cosas que no se condicen con la realidad. Es algo con lo que uno, lamentablemente, se tiene que acostumbrar a vivir.El dato Quisieron filmarla en Mendoza, pero no se dio. El director Diego Corsini le contó a Escenario en 2014 que tuvo intenciones de rodar Pasaje de vida en Mendoza, pero los tiempos y la burocracia se lo impidieron. Vino a presentar un adelanto, el año pasado, durante el Festival de Cine Mendoza Proyecta. Una lástima.

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