Melisa Guevara (39) es diseñadora industrial, trabajaba en proyectos ajenos hasta que decidió tomar su camino y sacar a la luz la "joyera" que habitaba en ella. El emprendimiento de joyería sustentable lo empezó hace cinco años, crea pulseras, aritos, collares con residuos electrónicos y carteras con neumáticos para bicicleta. "Transformar lo que otros ven como basura en la belleza del cambio para mujeres que se reinventan", sostuvo en diálogo con Diario UNO.
Una diseñadora mendocina recicla cables para fabricar pulseras, aritos y collares
Uno de los lemas de Melisa es la célebre frase de Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”. Curiosamente es la misma frase que tiene como bandera Miguel Farías, el jubilado que vende leña fabricada con restos de poda en Uspallata.
La diseñadora dijo que para ella la frase tiene un gran significado porque cuando se conectó con el reciclado, el upcycling, la economía circular, abrió la cabeza a los problemas del planeta, al impacto de vivir en la tierra. "Al tener una hija, quiero dejarle un futuro, que tenga un mundo medianamente vivible, que tenga agua, que tenga recursos y que no sufra", dijo Melisa, que tiene una nena de 10 años llamada Geraldine Di Pierro, junto a su marido Eduardo.
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De dónde obtiene los cables para las joyas
La emprendedora le compra los cables a las cooperativas de recuperadores urbanos en dólares al precio mundial del cobre y le hacen descuento aunque necesita poca cantidad.
Por otra parte, un amigo de Melisa que tiene una bicicletería que le guarda los neumáticos que ya no sirven, ella las acopia y las lava para poder realizar las carteras.
El cuidado del medio ambiente y su pequeño aporte
La diseñadora sostuvo que desde niña fue muy consciente y le preocupaba el medio ambiente. "Cuando me encontré con la realidad del residuo electrónico, me sentí en casa porque me encontré en el taller electrónico de mi papá cuando era chica. Fue el volver a la infancia, me encantaba entrar y sacar cosas", agregó.
Melisa explicó que el residuo electrónico tiene mucho potencial si se trata bien, puede generar muchas oportunidades de trabajo, pero hay que saber tratarlo. Añadió que no hay que quedarse en la queja por la contaminación que generan las grandes industrias y hay que preocuparse por lo que cada uno puede aportar, la huella de carbono personal.
"No hace falta hacer grandes acciones, sino lograr algo, como la joyería que impacta visualmente", dijo la diseñadora. Sostuvo que es importante que la gente sepa que por año el mundo desecha el equivalente a 5.400 Torres Eiffel de residuos electrónicos y que la Unión Europea lo considera como la industria más preocupante porque aumenta exponencialmente cada año. Además, tiene metales pesados que contaminan las napas freáticas y el impacto medioambiental al extraer los materiales.
"Dejé que la vida me llevara porque nunca tuve decidido, en qué área iba a trabajar cuando me recibiera, fui encontrando el camino y con una habilidad que no sabía que la tenía. Siempre he hecho cosas manuales, he tenido esta beta artística, no me había dedicado en ningún momento a la joyería, pero soy una mujer sumamente coqueta, me encanta la belleza, que la mujer se arregle, me hace bien ver a una mujer cuando se pone linda", explicó.
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El comienzo de Melisa Guevara, joyería sustentable
Melisa es diseñadora industrial, pero - según detalló - encontrar el camino en Mendoza no es fácil porque tiene poca salida laboral, la contrataron para llevar a cabo diferentes emprendimientos de triple impacto. Uno de sus primeros trabajos fue guiar a una mujer que quería seguir con el legado de la madre en el reciclado de telas de manteles para hacer bolsos.
"Sentí la señal cuando llegó a mí este proyecto de residuos electrónicos, aunque reciclarlos para realizar joyas era muy difícil. Pensé que no lo iba a poder hacer porque un accesorio, tiene una impronta simbólica muy fuerte de ser algo fino y delicado y un cable, está asociado a algo barato, berreta, fue todo un desafío, pero lo logré", dijo la emprendedora.
Sostuvo que hizo un complejo proceso de investigación porque hay partes de los residuos electrónicos que no pondría en contacto con la piel. Además, le llevó mucho tiempo de práctica hasta que logró darle una buena terminación, con resultados que le sorprendieron y con el objetivo logrado de que no se note el material del que están hechas las joyas.
La evolución de la joyería sustentable
Desde 2021 decidió dedicarse completamente al proyecto. Tiene piezas exclusivas con muchas horas de trabajo para lograr un producto que apunte a la concientización. Melisa tiene algunos productos en stock, pero hace muchas piezas a pedido, de forma artesanal, que las hace únicas, en especial porque los materiales son diversos en colores, tamaños y ella se va adaptando.
La idea de Melisa es poder capacitar a personas, para tener más capacidad productiva. "Hay una conexión especial con la materialidad, con el aporte que puedo hacer, me encantaría que se sumen, que se acerquen, que quieran aprender. Creo que la gente está bastante alejada de todos los oficios", añadió.
La diseñadora explicó que tiene una muy buena recepción e impacto, pero especialmente en Buenos Aires y Punta del Este, Uruguay en donde los manda por correo. Agregó que los mendocinos tiene un prejuicio y les cuesta cambiar su estructura de los materiales tradicionales de las joyas.
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El premio en Punta del Este
En octubre del 2022 Melisa fue a Córdoba para tomar capacitaciones y ser evaluada por un jurado que le dio una beca para ir a Punta del Este en marzo de este año al Mola Fashion Week, que es un evento que apunta a revalorizar todos los emprendimientos orientados a la moda.
"Expuse en hoteles de cinco estrellas todo un piso completo de muestras, actividades y charlas de moda sustentable. En uno de los eventos entregaron cuatro premios, uno de ellos era la sustentabilidad y lo gané yo, entre un montón de diseñadores de Colombia, Perú, Uruguay" añadió.
Su casa está ubicada en un terrero histórico
Melisa vive en un terreno en calle Viamonte de Chacras de Coria y tiene una gran historia detrás. Eduardo, el marido, tiene ascendencia danesa, de la familia Guldberg y su tatarabuelo fue un ingeniero hidráulico contratado y traído de Dinamarca para participar en la construcción del Cacique Guaymallén.
La casa todavía se mantiene y esas tierras fueron habitadas en el siglo XIX por el capitán Coria, de donde se origina el nombre de Chacras de Coria. Es un lugar histórico que todavía se conserva y en donde viven los descendientes del tatarabuelo de Eduardo.















