El circo no siempre empieza con un sueño: a veces empieza con una cuna casi detrás de la carpa. Para Alex Mokrouchine, la vida estuvo marcada desde el origen por el olor a aserrín, el crujir de la lona y el pulso del espectáculo en vivo.
El circo como hogar y destino: de origen ruso, Alex nació en Mendoza casi en una carpa y hoy dirige el Rodas
Hijo de artistas circenses, mendocino y acróbata, Alex Mokrouchine volvió a su tierra como director del Circo Rodas. Para él, el circo es familia
Nació en Mendoza hace 32 años, en el seno de una familia circense, hijo de una artista mendocina del Circo Rodas y de un acróbata ruso formado en el histórico Circo Estatal de Moscú.
Sus padres se conocieron en el circo, cuando ella integraba una de las compañías más tradicionales del país y él llegaba desde Rusia con una formación rigurosa y una tradición centenaria a cuestas.
De esa unión nació una identidad singular: mendocina y rusa, local y nómada, atravesada por el arte del equilibrio y la disciplina del circo. “Es una mezcla interesante la mía”, introduce Alexander Mokrouchine -con humor- la charla con Diario UNO. “Los mendocinos somos amantes del vino y los rusos del vodka. Una mezcla potente”, remata entre risas.
Aunque pasó parte de su infancia y formación en Rusia y recorrió países como Brasil, Ecuador, Paraguay y México, Alex siempre supo que su casa estaba en Argentina y su calor de hogar en Mendoza. Por eso no es casual que el Circo Rodas haya elegido esta provincia para iniciar su temporada 2026, con una producción totalmente renovada y con él al frente de la dirección artística.
Debut del Circo Rodas con Pepe Cibrián
El debut del Circo Rodas fue el jueves 8 pasado y tuvo un condimento especial: la presencia en el público de José “Pepe” Cibrián, referente indiscutido del teatro musical y del espectáculo argentino. El intendente de Guaymallén, Marcos Calvente, aprovechó la ocasión para reconocerlo como "huésped ilustre".
Además, la noche inaugural selló un regreso simbólico para Alex Mokrouchine: el de un artista que volvió a su tierra natal convertido en uno de los responsables creativos del circo más grande y tradicional del país, que ya tiene 43 años de historia.
Tras convocar a más de 197.000 espectadores en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, el Circo Rodas llegó a Mendoza reafirmando su lugar como uno de los espectáculos familiares más convocantes de Latinoamérica, combinando emoción, humor, riesgo y tecnología en una experiencia pensada para todas las edades.
Instalado en Acceso Sur y Lamadrid, en Guaymallén, el Circo Rodas ofrece funciones diarias a las 21.30 y doble función de viernes a domingos y feriados. Las entradas van de los $9.000 a los $30.000 y se consiguen online a través de este link. Y la capacidad de la carpa es de 2.800 espectadores.
La popularidad del circo y la masividad de Got Talent Argentina
Alexander Mokrouchine pisó la pista por primera vez a los cinco años, casi sin darse cuenta. “Fue una pasada, algo muy simple”, recuerda. Pero el destino ya estaba trazado. A los 14 años tuvo su primera presentación central como equilibrista sobre manos, disciplina que con el tiempo se convertiría en su sello artístico y en una de las más exigentes del circo contemporáneo.
“Después empecé con acrobacia, malabares, y fui sumando herramientas”, relata sobre su formación artística. El circo, sostiene, se aprende desde adentro, a partir de una base sólida que luego permite crecer y transformarse.
“Hay chicos que empiezan haciendo malabares y terminan en el trapecio. Otros comienzan como payasos y después llegan al globo de la muerte. Todo depende del aprendizaje y de la evolución de cada artista”, transmite.
Esa evolución también lo llevó a escenarios masivos alejados de una carpa de circo, como el reality de TV "Got Talent Argentina", donde en 2023 impresionó al jurado con su verticalismo y acrobacia de piso, alcanzando las instancias finales del certamen y ganando reconocimiento a nivel nacional.
El circo como forma de vida
Hoy, Alexander no solo es artista: es el director artístico del Circo Rodas. “Arranqué el año pasado, así que este es mi segundo año en la dirección”, cuenta. Y hacerlo desde Mendoza tiene un valor emocional para él. “Es una de las mejores casas que tiene el circo para venir a presentarse. Para mí, además, es volver a casa”.
Entre 110 y 120 personas integran actualmente el circo: artistas, técnicos, familias enteras que viven, trabajan y viajan juntas por el país. “El circo es como un barrio pero mucho más cercano”, define. La convivencia es permanente y exige una adaptación que no todos logran. “No es para cualquiera. Vivimos en trailers que son nuestra casa, compartimos todo”, resume Alex.
Sin embargo, para quienes eligen ese camino la recompensa es única. “En el momento en que alguien necesita ayuda, siempre hay un compañero al lado. Somos una familia formada por muchas familias”, destaca el artista circense. Y ese sentido de pertenencia, asegura, no tiene precio.
Entrenamiento, cuerpo y disciplina en un artista circense
La exigencia física es otro pilar del mundo circense. Como director artístico, Alexander Mokrouchine coordina rutinas de entrenamiento y ensayos, especialmente en el área de ballet y movimiento.
Cada artista tiene su propio entrenamiento, adaptado a su disciplina, según detalla Alex y asume que el arte circense "es muy complejo". “Nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo. Hay que prepararlo para rendir y para evitar lesiones, que son muy frecuentes en el ámbito del circo”, explica.
Y claro, subir a 12 metros de altura o encadenar varios mortales seguidos requiere no solo fuerza, sino también concentración y preparación mental.
Los padres de Alexander, hoy profesores de acrobacia, también fueron directores del Circo Rodas en otra etapa de su historia. “Ahora yo sigo con ese legado”, dice con orgullo.
Aunque tiene familiares en Mendoza, su sentido de pertenencia está profundamente ligado al circo. “Cuando voy a una casa ‘normal’ me siento raro. Mi lugar es el circo”, confiesa. Y anticipa que sus padres, radicados en Buenos Aires, "van a venir a ver algunas funciones en Mendoza".
A fines de los años '80, Sasha Mokrouchine vino con el Circo de Moscú y conoció a la mendocina Gabriela Fernanda Zabala, quien por entonces integraba el Circo Rodas. Alex es fruto de esa relación de amor que perdura hasta la actualidad.
Nunca dudó de su elección. “Si volviera a arrancar de cero, elegiría lo mismo una y otra vez. No puedo vivir sin el circo”, confiesa. Para él, se trata de un mundo único, que exige entrega total pero devuelve una identidad difícil de encontrar en otro ámbito.
Un circo que se reinventa
Con más de cuatro décadas de historia, el Circo Rodas dejó atrás el uso de animales y apostó definitivamente al talento humano y a la innovación tecnológica.
La temporada 2026 presenta trapecistas internacionales, artistas invitados del Cirque du Soleil, el impactante doble Globo de la Muerte -único en Latinoamérica-, payasos como Cachete y un show de magia 3D que fusiona ilusión y efectos visuales de última generación.
“El Rodas es el circo del pueblo”, sostiene Alexander y argumenta: “Por eso buscamos entradas accesibles y un espectáculo que llegue a todos”.
Según su mirada, la clave de la vigencia de un arte milenario como el circo es porque "está en evolución constante y mantiene la capacidad de seguir sorprendiendo al público, hace lo imposible para seguir llamando la atención de niños y adultos por igual".
"Mientras exista un niño -dice la frase del Papa Juan Pablo II que recibe al público en la entrada de la carpa-, el circo jamás morirá". Y en Mendoza, esa promesa vuelve a tomar forma, conducida por un artista que nació bajo la lona y hoy guía, desde la pista, el corazón del circo argentino.










