Con el cambio de conducción en la Nación, como así también en la mayoría de las provincias, era de esperar que se produjera un lógico período de reacomodamiento.
Una vez dado ese paso formal, en el cual los distintos mandatarios pudieron hacerse de los números esenciales que requieren los estados a su cargo para poder funcionar, el panorama empezó a aclararse. O a oscurecerse, según el caso.
La fidelidad sin peros al gobierno de Cristina Fernández supo ser un gesto de ida, y rara vez de vuelta.
Las provincias de su mismo signo político tuvieron ventajas en algunos rubros, sin que esto significara que recibieran lo que legalmente les correspondía como parte de la siempre cuestionada Coparticipación Federal.
Esa política, en función de "la cara del cliente", tarde o temprano iba a disparar los reclamos y pedidos de resarcimiento que hoy se multiplican.
Ya con Mauricio al frente de la Nación, el pataleo se generalizó porque el presente financiero de las provincias es notoriamente calamitoso.
Hubo gobernadores que fueron por la suya a golpear la puerta del Presidente y otros tantos que, en bloque, como los mandatarios del PJ, reclamaron el 15% para sus distritos y la urgente reactivación de las obras públicas que requieren de fondos nacionales.
La decisión de Macri de aumentarle por decreto la coparticipación a Capital Federal había despertado el natural rechazo de las provincias.
Esto no hizo más que impulsarlas a volver a la carga en pos de dinero fresco para sus respectivas gestiones.
Al Gobierno nacional no le quedó margen para seguir dilatando el tema, por más que insista en la "pesada herencia" y en su percepción de que durante 12 años la Argentina "se volvió un país unitario como nunca antes", según palabras del ministro del Interior Rogelio Frigerio.
no está ajena a la pulseada por esa imprescindible fuente de divisas. Para el gobernador , "todas las provincias necesitan más recursos. La Nación se ha ido quedando con recursos que eran de las provincias, pero eso no se soluciona de la noche a la mañana".
En ese barajar y dar de nuevo, las reglas del juego no pueden ser las mismas de antes. Sin un nuevo sistema, que sea justo y no esté atado a ningún tipo de prebendas, es imposible sanear un vínculo fundamental para el correcto funcionamiento de un país que aspire a crecer federalmente.
