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El 2016 fue el año de la tolerancia a las autoridades recién asumidas. Un balance de la crisis indica que el 2017 debería ser el momento de torcer el rumbo sin dubitación.

En busca del rumbo

Es fácil tentarse con reflexiones y balances en esta época del año, más todavía cuando los últimos 12 meses fueron los de nuevos gobiernos nacional, mendocino y municipales.

Lo clave a la hora de evaluar es que 2016 fue el año del "cambio", un cambio que no se limitó al color político del partido de Gobierno, sino que incluyó un vuelco en el modelo económico y social, y un frenético interés por borrar las huellas de la década anterior.

Sin embargo, al margen de los "grandes temas" quedan las vicisitudes de los ciudadanos, las condiciones básicas de existencia.

Es el bolsillo de los trabajadores el que en definitiva funciona como el termómetro más sensible del impacto del cambio y ese bolsillo tuvo este año un agujero expansible, que se agigantó con el correr de los meses.

Ese agujero tuvo y tiene muchas causas. La , más allá de la polémica por las estadísticas oficiales, devora los salarios. La necesaria actualización de las tarifas de los servicios públicos también dejó su marca. La devaluación fue otro sacudón (el primero de todos en realidad).

Los comerciantes se quejan, lógicamente, de que la gente compra poco. En términos comparativos, cayeron la construcción, la producción, la recaudación.

El escenario, mal que nos pese, tiene forma de crisis, color de crisis, olor a crisis.

Cuando el agujero del bolsillo se agiganta, llega un momento en que es el bolsillo el que está adentro del agujero. Los billetes se escurren como el agua.

Para lograr retenerlos hay que despojarse cada vez de más erogaciones, dejar de consumir aquello que no sea estrictamente necesario para la subsistencia.

El problema son los que no pueden ni siquiera hacer esto, los hombres y mujeres que quedan en el camino porque ya no tienen qué más recortar.

Los gobiernos deberían tomar nota de esta situación. El 2016 fue el año de la tolerancia a las autoridades recién asumidas, de la resignación de los que creyeron que su voto valía la pena.

Pero el 2017 debería ser el momento de torcer el rumbo sin dubitación, antes de que sea demasiado tarde.

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