¿Pueden adaptarse ciertos cultivos a condiciones extremas lejos del planeta Tierra? Es lo que intentará dilucidar una misión espacial de la que participa el INTA Regional Mendoza-San Juan, con el aporte de semillas de quinoa desarrolladas en la región Cuyo.
Para eso, INTA firmó un convenio internacional con la Fundación Orion Space Generation, que enviará una cápsula al espacio exterior durante un vuelo espacial durante el segundo trimestre del 2026. El objetivo: evaluar la respuesta de la biología de cultivos a condiciones propias del ambiente orbital, como radiación, microgravedad y variaciones térmicas límite.
Luego de más de 10 años de trabajo, la misión llevará material genético de quinoa variedad Morillos (Chenopodium quinoa), desarrollado y conservado por investigadores del INTA en San Juan. Su capacidad de adaptación a ambientes hostiles y valor nutricional la convierten en un modelo para estudiar tolerancia biológica en condiciones de estrés extremo.
En realidad, de la experiencia participa una red científica entre la Universidad de San Pablo, los equipos técnicos del INTA San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y otros socios internacionales. Según explicaron, las semillas de quinoa viajarán en una cápsula diseñada para registrar variables ambientales durante el vuelo.
Es la continuidad de una investigación iniciada en 2019 junto a la Universidad de York – Lassonde School of Engineering, en Canadá, cuyos primeros resultados fueron publicados en 2022. La premisa era analizar el comportamiento de semillas expuestas a irradiación energética comparable con procesos que ocurren en el espacio.
Trazabilidad científica e innovación agrícola, las ventajas
Según el Acuerdo de Transferencia y Evaluación de Material (ATM) firmado por INTA y la Orion Space Generation Foundation, el envío de material vegetal es para uso exclusivo de la investigación. Y fija condiciones de trazabilidad, confidencialidad y protección de los recursos genéticos involucrados.
“El INTA tiene un camino recorrido en caracterización y programas de mejoramiento genético. Participar en esta iniciativa internacional con semillas de un cultivar de quinoa es todo un desafío y abre puertas a oportunidades insospechadas de colaboración”, explicó Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA.
Para el funcionario, el acuerdo "posibilitará desarrollar estudios fisiológicos, genómicos y experimentos tanto en laboratorios terrestres como durante la misión espacial”. No es la primera vez que INTA trabaja en genética para mejorar la productividad de algunos cultivos para profundizar en sus propiedades como alimentos.
Las semillas fueron provistas por el equipo del INTA San Juan integrado por Lucas Guillén, Gonzalo Roqueiro y Nadia Bárcena, en el marco del Proyecto de Mejoramiento Genético de Cultivos Industriales coordinado por Paola Fontana, y en articulación con profesionales de otras unidades del organismo a través de la Red Quinua.
Quinoa, una semilla "resiliente": cómo puede adaptarse al espacio
Para Guillén, la elección de la quinoa responde a sus cualidades biológicas y a su valor estratégico como cultivo.
“La quinoa es una especie extremadamente resiliente. Puede crecer en ambientes con salinidad, sequía y amplitudes térmicas importantes, lo que la convierte en un modelo muy interesante para estudiar cómo responden las plantas frente a condiciones extremas”, explicó el investigador, que dio más detalles de los objetivos.
Según Guillén, la respuesta de las semillas a ambientes de alta radiación y estrés será información clave para la agricultura del futuro. “El objetivo es generar conocimiento sobre los mecanismos de tolerancia de las plantas. Ese aprendizaje puede trasladarse luego al desarrollo de cultivos más resistentes para la producción en la Tierra”, agregó.
A criterio de los técnicos, su producción en un hábitat extremo como el espacio permite determinar su potencial terrestre. Es que el espacio funciona como un laboratorio natural de condiciones límites: su reacción a la alta radiación, escasez de agua, suelos minerales pobres y variaciones térmicas extremas contribuye al mejoramiento genético.





